Don Juan Valera y Doña Mencía - www.juanvalera.org

Documentos y textos impresos: Bosquejo Histórico sobre el origen, fundación y vicisitudes porque ha pasado la Iglesia Parroquia de Nra Sra de Consolación de la Villa de Doña Mencía

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Su autor fue José Victor Montañez Lama, que la escribió en 1901, publicada por la Real Academia de Córdoba, BRAC nº 75 julio-diciembre 1956 pp. 233-283.

 

Sin ningún género de dudas, cuando José Victor Montañez Lama escribió en 1901 el Bosquejo Histórico de la parroquia de Nuestra Señora de Consolación de Doña Mencía, fue el primero que viviendo aun don Juan Valera Alcalá Galiano, puso de manifiesto la vinculación de toda su familia con Doña Mencía a lo largo de los siglos, especialmente cuando se refería a la capilla de los Valera o la Obra Pía de don Pedro Valera Roldan.
Montañez Lama lo hizo desde su posición privilegiada de prestar sus servicios en la parroquia, que conocía perfectamente, y cuya descripción nos ha permitido saber de su grandiosidad y sus vicisitudes históricas. Y lo que es más importante, con una humildad fuera de lo común, y donde refleja su deseo de que alguien afronte un libro que narre la historia de Doña Mencía:
No pueden estos breves apuntes considerarse como una reseña histórica, pero si contienen bastantes datos por si alguno, con mejor pluma, mayores recursos y más protección para registrar los archivos oficiales del pueblo, especialmente los documentos antiguos que se conservan en el fondo de una gran alacena de la Sala Capitular del Ayuntamiento, quisiera escribir la Historia de Doña Mencía, cosa de todo punto necesaria, si no han de ir al panteón del olvido, los antecedentes históricos de dicho pueblo, puesto que de la única que se tienen noticias, publicada por Fray Pedro de Arrebola, no se encuentra ningún ejemplar. Y sirva este introito como disculpa a mi atrevimiento a escribir, no una historia razonada, si no una colección de datos interesantes, que algún día pudieran ser de utilidad para hacer la historia detallada".

Bosquejo histórico sobre el origen, fundación y vicisitudes porque ha pasado la Iglesia Parroquia de Nuestra Sra. de Consolación de la Villa de Doña Mencía desde sus primeros tiempos hasta concluir el siglo diez y nueve, por don José Montañez Lama, acólito que fue de la misma, Maestro de primera enseñanza, por oposición, de la escuela de niños de dicho pueblo y hoy de la 2ª de la ciudad de La Rambla.
Año de 1901

A QUIEN LEYERE
Cien años hace que Fray José Cantero, Religioso lego del Orden de Santo Domingo, escribió y dio a luz un “Compendio histórico del Convento de Nuestra Señora de Consolación del Orden de Predicadores de la Villa de Doña Mencía” de cuya obra van quedando raros ejemplares. Deseoso yo de que con el transcurso del tiempo no se pierda la memoria de la fundación de la que fue tan suntuosa y riquísima Iglesia que el Iltmo. Sr. Trevilla, Obispo de Córdoba, la llamaba “mi segunda catedral”, he pensado escribir este Bosquejo histórico, el cual ignoro si tendré tiempo y medios de dar a la luz pública.
No es mi ánimo hacer una descripción brillante, pues para ello se necesitan condiciones retóricas, que no poseo. Sólo quiero dejar consignados, para conocimiento de los que vinieren después de nosotros, los antecedentes y vicisitudes principales por que ha pasado la Iglesia parroquial donde tuve la dicha de recibir las regeneradoras aguas del Bautismo.
Y como colaboración de la certeza de los datos que escribo, manifestaré, previamente las fuentes de donde proceden.
Diré, en primer lugar, que la parte histórica de este relato, hasta la reedificación del templo en el siglo XVIII, ha sido extractada de la citada obra, tomando los antecedentes más precisos y dejando a un lado la serie de pleitos que el Convento tuvo que sostener en defensa de sus derechos y preeminencias, y solo hago mención de las más substanciales. El archivo de la casa de Sesa, también me ha suministrado algunos antecedentes. Las noticias de los hechos ocurridos durante la primera mitad del siglo XIX, las he recogido de personas que alcanzaron aquellos tiempos, entre las que citaré, al ilustrado D. Cristóbal Vergara López, Diputado provincial que fue y uno de los partícipes en la distribución, por subasta, de edificio del Convento, el cual señor nació hacia 1780 y murió en 1868; teniendo yo el honor de ser su amanuense en los últimos años de su lagar via; Dª María de S. Lucas Priego, que nació en 1804, en cuya casa, siendo niña, se cosió la magnífica colgadura del templo, que aunque incompleta, hoy existe; su cuñado D. Genaro Cantero Almoguera; el Presbítero D. Francisco Jiménez Priego, nacido en 1813; D. Calixto Vargas y López, alcalde que fue en varias épocas: D. Tomás Vergara y Cubero, Notario público en la actualidad; Juan León Bujalance, Novicio que era del convento al ocurrir la exclaustración, y Fernando López Cubero (a) el Fuerte, que en la misma época era, y había sido durante varios años, Mayordomo y encargado de la dirección de las labores agrícolas, en las fincas del convento. Mi natural curiosidad y extremad afición a la lectura, hizo que leyera y tomara notas de cuantos papeles y documentos se referían al asunto, cosa que pude hacer con libertad por haber sido sirviente de la dicha Iglesia, y más tarde Oficial de la Secretaria del Ayuntamiento de mi pueblo nata. Y por fin, desde que llegué al uso de razón, tuve la manía, si así quiere llamársele, de tomar notas escritas de cuantos hechos, dignos de alguna mención, ocurrieran a mi alrededor; y estas notas que arranca desde 1858, unidas a los datos que, por diversos conductos, me he procurado, me han servido para reseñar los principales sucesos desde el último año citado hasta el final del siglo que acaba de pasar.
No pueden estos breves apuntes considerarse como una reseña histórica, pero si contienen bastantes datos por si alguno, con mejor pluma, mayores recursos y más protección para registrar los archivos oficiales del pueblo, especialmente los documentos antiguos que se conservan en el fondo de una gran alacena de la Sala Capitular del Ayuntamiento, quisiera escribir la Historia de Doña Mencía, cosa de todo punto necesaria, si no han de ir al panteón del olvido, los antecedentes históricos de dicho pueblo, puesto que de la única que se tienen noticias, publicada por Fray Pedro de Arrebola, no se encuentra ningún ejemplar.
Y sirva este introito como disculpa a mi atrevimiento a escribir, no una historia razonada, si no una colección de datos interesantes, que algún día pudieran ser de utilidad para hacer la historia detallada.
Forsi altro cantará con miglior plectro.
Enero 1901
El autor.


I ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LOS ASCENDIENTES DEL FUNDADOR DE DOÑA MENCIA
Cuando el Santo Rey Fernando III reunió definitivamente, sobre sus sienes las coronas de Castilla y León, concibió el proyecto, digno no solo de la fe cristiana que ardía en su pecho sino también conforme con los deseos de sus vasallos, de acabar con la dominación musulmana en la Península. Y en efecto, con los auxilios del famoso Jaime el Conquistador, Rey de Aragón, parecido en casi todo al de Castilla, se propuso ir arrinconando a los moros hasta las costas de Andalucía. Para ello reunió un poderoso ejercito, que puso bajos las ordenes del bizarro Capitán D. Alvaro Pérez de Castro – a quienes los moros llamaban Alestao, que quiere decir romo - el cual, a su elevada alcurnia y acreditado valor reunía grandes conocimientos militares y poseía además, la ilimitada confianza del Rey.
Al frente de sus bizarras tropas se dirigió D. Alvaro sobre Andalucía, y después de reñidas batallas en la que los moros llevaron la peor parte, se apoderó de varias poblaciones de mucha importancia, y quedó como Adelantado de la frontera por la parte de Jaén.
Hallábase a la sazón gobernada la ciudad de Córdoba, ya decaída de su mayor esplendor durante el Califato, por Aben-Hud a quien los moros aborrecían por su tiranía. Las tropas de D. Alvaro hacían frecuentes irrupciones en el territorio de esta región, llegando a veces hasta las inmediaciones de la capital. En una de estas correrías prendieron los cristianos a dos moros de los que defendían la ciudad por la parte llamada Ajerquia. Por ellos supieron el estado de ánimo en que se encontraban los cordobeses y que tenían proyectado entregar a los cristianos el arrabal de la ciudad. Noticiose esta feliz circunstancia a D. Alvaro, que se hallaba en Martos con Tello Alonso de Meneses, otro de los Adelantados; y poniéndose ambos de acuerdo reunieron tropas escogidas, las cuales al mando de D. Alvaro, que llevaba como lugarteniente al citado Tello, y a sus inmediatas órdenes los esclarecidos subalternos Domingo Muñoz, Pedro Ruiz Tafur y Martín Ruiz Argote, protegidos por la oscuridad de la lluviosa noche del 8 de enero de 1236 llegaron hasta los muros del arrabal. Favorecidos por el silencio y el descuido que reinaba en la ciudad arriman sin dificultad las escalas, y disfrazados con trajes árabes subieron al muro algunos intrépidos cristianos que sabían la lengua de los moros. Tropezaron con algunos centinelas y fingiéndose contra-rondas los arrojaron desde las murallas, con el auxilio de uno de los conjurados. Corren todo el muro; asesinan en silencio a cuantos se les oponen; y se apoderan de la puerta de Martos – hoy llamada del Sol y en tiempo de los Romanos Puerta Piscatoria – y la franquean a la caballería castellana, al frente de la cual iba el denodado D. Alvaro. La guarnición se alarma, acomete impetuosamente y hace retroceder por tres veces a los cristianos, pero, últimamente, no pudiendo resistir la firmeza y valentía con que volvían a cargar los valerosos castellanos, tuvo que guarnecerse dentro de la ciudad, dejando el arrabal en poder de sus acometedores.
El valiente caudillo despachó inmediatamente emisarios al Santo Rey, para noticiarle el éxito de su arriesgada tentativa. El Rey no se hallaba en Benavente, iba a sentarse a la mesa; y sin detenerse más tiempo que el necesario para tomar, de pie, un bocado, dijo a los circundantes “Caballeros: quien sea mi amigo, y buen vasallo, sígame”. Montó al punto al caballo, acompañado de muchos caballeros, cuyo número fué engrosando por el camino; y a pesar de lo lluvioso de la estación, no fué obstáculo para que atravesando ríos y barrancos sumamente crecidos, acudiesen los caballeros de las Ordenes Militares e infinitamente número de gentes armadas, ansiosas de tomar parte en el asedio a la ciudad. El Rey vino sobre Córdoba por el antiguo camino de Madrid, que pasa por el Santuario de Nuestra Señora de Linares, en el sitio donde hoy se alza el mismo – que se erigió después en memoria de este hecho – hizo alto, y uniéndose a sus tropas las de D. Alvaro, emprendieron el asedio a la ciudad. Esta se defendió valerosamente. Consternados los moros cordobeses dieron aviso a Aben-Hud, su Régulo, que a la sazón se hallaba en Ecija; pero este creyendo más conveniente acudir al socorro de su amigo Zaen, Rey de Valencia que oponerse a D. Fernando, débil enemigo de su concepto, partió para embarcarse en Almería, donde le ahogó en el baño Aben Ramin, Gobernador de aquella plaza. El motivo o pretexto no se sabe; pero, se cualquiera, este accidente y el incremento progresivo que iba tomando el ejercito cristiano, infundieron tal desaliento en los sitiados, destituidos ya de toda esperanza de socorro, que capitularon la entrega de la ciudad, con tal que se les concediese la libertad, para retirarse a don mejor les pareciese. Convino en ello D. Fernando y se entregó la ciudad, entrando en ella las tropas cristianas el domingo 26 de junio de 1236.
Queriendo el Santo Rey premiar los esfuerzos y servicios de los heróicos capitanes que le habían secundado en su empresa, repartió a feudo entre ellos el terreno conquistado, y siendo D. Alvaro Pérez de Castro el mayor General de sus ejércitos, y el que más había contribuido a la rendición de la importante plaza de Córdoba y otros pueblos cercanos, poseyendo además toda la confianza del Monarca excusado parece decir que, en la distribución de estos territorios, llevó el ilustre caudillo la mejor parte.

II ORIGEN DEL NOMBRE DE DOÑA MENCÍA.- FUNDACION DEL PUEBLO Y SU PRIMITIVA IGLESIA
Doña Mencía López de Haro, hija de D. Diego López de Haro, 11º Señor de Vizcaya, estuvo casada en primeras nupcias, con el famoso D. Alvaro Pérez de Castro.
Entre los territorios donados por el Santo Rey a tan denodado Capitán se hallaba el terreno comprendido al pie de la sierra de Cubillas y Oreja de la Mula y S. Cristóbal. En esta zona fundó D. Alvaro un Castillo, que aún subsiste, y a su pie formó una deliciosa heredad a la cual puso el nombre de su esposa[1].
Un descendiente de la mencionada señora, el Magnífico e Ilustre Señor D. Diego Fernández de Córdoba, Mariscal de Castilla, cerca de dos siglos después de la donación del territorio y durante la menor edad del Rey D. Juan II, obtuvo privilegio para fundar una población en el terreno de la misma heredad, cuyo privilegio le fué concedido por el Regente D. Fernando el de Antequera – que a la sazón gobernaba la región de Castilla la Nueva, en la cual se hallaba comprendida la parte conquistada en las provincias andaluzas – por Cédula despachada en Toledo, el 2 de agosto de 1415. En el año siguiente empezó la construcción de los primeros edificios, contiguos a las murallas del Castillo, dando al pueblo, que empezaba a formarse el mismo nombre que la heredad. El 7 de marzo de 1419 tomo el Rey las riendas del gobierno, y , deseando el Mariscal acabar y ennoblecer la nueva población, ganó privilegio del Monarca para que veinte vecinos de ella fuesen exentos de alcabalas y tritutos; cuya merced fue otorgada el 15 de enero de 1420, y se confirmó por Real Cédula de 15 de junio del mismo año, ante Martín de Vergara, Escribano Mayor de los Privilegios.
Ignórase la fecha en que se abriría al culto la nueva Iglesia de la recién formada población. Solo puede asegurarse que ya existía en 1419 pues por Bula de Martín V[2] dada en Florencia en 3 de octubre del mismo año, se conceden dos años y dos cuarentenas de perdón a todas las personas de uno y otro sexo que habiendo confesado y comulgado y dado una limosna visitasen la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia[3] hoy Consolación, del lugar de Doña Mencía, en el Reino de Córdoba, desde las primeras Vísperas, hasta la puesta del sol en el día de la Natividad de Nuestra Señora, ocho de septiembre.
Faltaba a la nueva Iglesia Sacerdote que la sirviera, y los Clérigos de Baena tenían que pasar a Doña Mencía, a celebrar la Misa los días festivos y administrar los Sacramentos; pero como entonces eran frecuentes las correrías de los moros granadinos, aquellos Clérigos se excusaban por temor a salir de su pueblo. Los vecinos de Doña Mencía tenían, pues, que trasladarse a Baena para cumplir sus deberes religiosos; y con este motivo, eran atropellados por los moros, quienes los asesinaban o llevaban cautivos, al atravesar los incultos campos que separaban las dos poblaciones. La repetición de estos atropellos fue causa de que los habitantes de la nueva población se retrajeran de trasladarse a Baena para cumplir sus deberes de cristianos; quedando por consiguiente privados de todo auxilio espiritual.

III FUNDACION DEL CONVENTO.- ERECCIÓN DE SU IGLESIA EN PARROQUIA.- LITIGIOS
Para remediar aquella necesidad, el Mariscal pidió y obtuvo licencia para que dos Religiosos del Real Convento de Predicadores de San Pablo, de Córdoba, se establecieran en la nueva población, ejerciendo la Cura de Almas. Instalados en el pueblo los dos Religiosos, el Mariscal determinó edificarles una casa contigua a la Iglesia, donde pudiesen vivir según la regla de su Orden. El citado P. Cantero dice que no puede precisarse la época fija de la fundación del Convento; pero en la lápida patronal que existen en la nave central de la Iglesia, debajo de la cúpula indicando que la Capilla es patronato de la Casa de Sessa, dice que Mariscal la fundó en el año 1421.
Por Bula de Inocencio VIII[4] expedida a solicitud del repetido Mariscal, se concedió perpetuamente a los Religiosos del lugar de Doña Mencía establecidos en el Convento de Nuestra Señora de la Consolación, el cargo de Cura de almas de aquellos vecinos, con la facultad de percibir los diezmos y primicias y demás emolumentos asignados a las demás Iglesias parroquiales de la Corona de Castilla; señalando las líneas hasta donde debía llegar su límite jurisdiccional que es el mismo que hoy comprende el término municipal de la Villa; independiente de las Parroquias de los pueblos limítrofes Baena, Cabra y Zuheros, pero dependiente siempre del Orden de Predicadores, y dejando muy limitada la jurisdicción diocesana.
Mal avenidos los Obispos de Córdoba con que la Iglesia de Doña Mencía, que se titulaba Convento Parroquial de Nuestra Señora de la Consolación, estuviese quasi exenta de su jurisdicción episcopal, y que pasase a poder del Convento el producto de los Diezmos y Primicias, entablaron varios pleitos con los Religiosos. Las condiciones de este Bosquejo no permiten que se relaten minuciosamente tales litigios; pero es bueno notar que siempre que el Convento acudía a Roma, en defensa de sus derechos, siempre también los Papas decidían el pleito a favor de los Religiosos. Uno de los hijos más ilustres de este Convento el M. R. P. Maestro Fray Bartolomé Caballero, que fue Provincial de Andalucía, en los años 1587 a 1591, asistió al Capitulo General de la Orden de Predicadores, que se celebró en la misma Roma, y consiguió nuevo Breve del Pontífice Sixto V en el que se confirmaban los Privilegios del Convento[5].
Si por algún tiempo se contenían las tentativas de los Obispos de Córdoba para someter a sus inmediatas órdenes la Parroquia de Doña Mencía, y ejercer sobre ella toda la jurisdicción episcopal incluso la designación y nombramiento de Curas, con el transcurso del tiempo se olvidaban de las confirmaciones Apostólicas obtenidas y volvían de nuevo a sus reclamaciones. Uno de estos Prelados nombró Cura y Sacristán para Doña Mencía, mandándole que estableciesen la Parroquia en la Ermita de San Sebastián[6]. Habiéndose instalado en ella, el Prior del Convento manifestó al pretendido Párroco el atropello que cometía, mostrándole las Bulas y Breves Apostólicos que confirmaban los derechos del Convento; pero el Clérigo se negó a abandonar su Iglesia, ni lo que él llamaba su Curato. Recurrieron los Religiosos, en vista de tal obstinación, a las armas espirituales mientras diligenciaban en lo temporal. Dirigiéndose procesionalmente a la referida Ermita, con cruz alzada y pluvial negro y cantando la Letanía de los Santos al llegar a la puerta de la Ermita, el Prior, diciendo las preces del Ritual, arrojó una piedra dentro del recinto, y lo mismo hicieron los demás Religiosos y seglares que acompañaban, poniendo en entredicho el lugar sagrado. Atemorizados el Clérigo y su Sacristán, tanto por las censuras lanzadas sobre ellos, como por la actitud amenazadora que tomó el pueblo, abandonaron la Ermita y la población; y seguido el litigio por los trámites regulares, quedó sustanciado y resuelto, por ambas potestades, a favor del Convento.

IV CONSTRUCCIÓN DE NUEVA IGLESIA.- PRINCIPALES FAMILIAS QUE AYUDARON A LAS OBRAS Y ADORNOS DEL TEMPLO
Durante el transcurso de tres siglos el vecindario de Doña Mencía había aumentado en tales términos, que ya en el XVIII la primitiva Iglesia, compuesta por una sola nave, resultaba incapaz de contener el crecido número de feligreses; por lo cual se pensó en la construcción de otra más amplia, que correspondiese al número de sus habitantes. Como en la antigua Iglesia existía el Patronato de la Casa de Sessa, y los de otras familias nobles de la población, se acordó construir el nuevo templo sobre el mismo solar que el antiguo, quedando dentro de el las bóvedas y enterramientos. Para ampliar el solar hubo que tomar parte del Convento y en ella se construyó la nave del lado del Evangelio; y para la de la Epístola se incluyó otra porción de terreno que había intermedio entre la antigua Iglesia y el Castillo[7]. Principió la obra el día 24 de agosto de 1737, siendo Prior el M. R. P. Maestro Fray Francisco de Priego, hijo del Convento de San Pablo de Córdoba y se estrenó el domingo 7 de Octubre de 1741, siendo Prior el M. R. P. Maestro Fray José Portillo, hijo del Convento de San Pablo de Sevilla. Celebróse la dedicación con un octavario de fiestas solemnes, en las que predicaron los más famosos oradores sagrados de la Provincia. Durante las obras sirvió de Parroquia la Ermita de Nuestra Señora de las Angustias[8].
La nueva Iglesia se construyó en forma de cruz latina, siendo de gran altura el crucero, y mucho mayor la de la cúpula. La cabeza de la cruz la forma el Presbiterio, que está situado una vara más alto que el piso del templo, y de los brazos de la cruz salen otras dos naves más bajas. La nave principal termina en el Coro que estaba más de dos varas de altura sobre el nivel de la Iglesia y con entrada por ambas naves laterales; en la bóveda formada para elevar el Coro se hizo un enterramiento con nichos o bovedillas a ambos lados, y por detrás de éste y de la pared del Coro se construyó la torre para las campanas. Esta torre y el enterramiento tenían entrada común, por detrás del cancel de la nave del Evangelio. Las dos naves laterales terminan con magníficas portadas de piedra berroqueña, en las cuales se abren las puertas principales del templo, y sobre ellas, en cada una, hay su correspondiente hornacina: en la de la derecha esta colocada una estatua de piedra que representa a Nuestra Señora de la Consolación, titular del templo, y en la de la izquierda, otra de San Pedro de Verona, Patrón del pueblo. A ambos lados de las hornacinas se ven esculpidas las armas de las Casas de Sesa y de la Orden de Predicadores. No tenía capillas el templo, pues los altares estaban situados en las paredes de las naves laterales, dándole así mayor hermosura. Solo se habilitó para Bautisterio una pequeña pieza al fin de la nave del Evangelio. En esta mas abajo del Altar de los Dolores, se abría la gran puerta de comunicación al Convento, por la cual entraban y salían las procesiones claustrales. También se comunicaba por la Sacristía, frente a la escalera que conduce al Presbiterio.
El convento, el patrono principal de la Iglesia y las principales familias del pueblo se emularon porque el templo resultase lo más suntuoso posible. Como reconocimiento del patronato de la casa de Sesa, se colgó en la baja del Presbiterio, una gran lápida, de mármol de Cabra con la inscripción siguiente: “Esta Capilla Mayor y entierro es del Excmo. Sr. Duque de Sesa y Baena, Gran Almirante de Nápoles y Señor de esta Doña Mencía, Patrono y fundador de este Convento y Parroquia, como descendiente del Magnífico e Ilustre Sr. D. Diego Fernández de Córdoba, Mariscal de Castilla, quien la fundó en 1421“.
En el lado derecho del crucero, por delante del Altar de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se halla una bóveda de enterramiento y cubriendo su entrada una lápida, blanca, con la siguiente inscripción: “Año 1741. Esta Capilla y Panteón es del Sr. Juan José Alcalá Galiano Flores y Calderón, Caballero del Hábito de Santiago, Alcaide del Castillo fortaleza de esta Villa de Doña Mencía, y Superintendente de estos estados. Y de sus sucesores y descendientes”. Al lado de esta bóveda existe otra que termina bajo el altar de Santo Domingo, también con su lápida que dice: “Año 1741. Esta capilla y panteón es del Sr. D. Juan Santos Valera Roldán, Rector y Colegial que fue del Mayor de Cuenca de la Universidad de Salamanca. Y de sus sucesores“. En el otro brazo del crucero, en la parte superior del retablo y altar de S. Pedro Mártir se ve el escudo de armas de otra de las ramas de la casa Alcalá-Galiano, y al pie de la tarima de dicho altar, una pequeña lápida de mármol de Cabra, pero tan resquebrajada que no puede leerse, y solo se ve que es de dicho año 1741. Inmediato a este altar está el de Nuestra Señora del Rosario, que era de las familias Roldán y Reinoso. Como por delante de estos dos últimos altares no pudo formarse enterramiento por estar el pavimento asentado sobre un risco, el Convento concedió sepultura a dichas familias en la bóveda del camarín de la Virgen, teniendo su entrada por el presbiterio, en el lado de la Epístola. Y por último, en recompensa por la ayuda prestada por otras familias que no tenían reconocidos derechos de patronato, se construyeron otras tres bóvedas, una por delante de cada arco de los tres que existen por bajo del púlpito y en dirección Norte a Sur, destinado la primera que estaba delante del altar de la Virgen de los Dolores para la familia de los Cuberos; la inmediata, para la de los Vargas y la tercera para varias otras familias. Las lápidas que cubrían estas tres bóvedas no tenían inscripción[9].

 

"En la cercana villa de Doña Mencía, en elegante y espacioso templo, testimonio, si no de riqueza, de la piedad, desprendimiento y devoción de sus antiguos habitantes, se ven desde hace dos siglos los retablos de roble esculpido y dorado, las capillas y las bóvedas sepulcrales de las familias de los Galianos y de mi madre". (Notas biográficas sobre don Antonio Alcalá-Galiano, por don Juan Valera).

Construido ya el magnífico templo era necesario decorarlo con arreglo a lo que pedía su suntuosidad. No escasearon, tampoco, para ello los donativos y generosidad de dichas familias. El Convento y la casa de Sesa, unidos, costearon el sin par retablo del altar mayor, poniendo las armas de uno y otra en la parte superior. El referido D. Juan José Alcalá-Galiano, ya titulado Marqués de la Paniega, costeó de su peculio el camarín y retablo de Nuestro Padre Jesús Nazareno, poniendo su escudo en cada uno. La familia Valera hizo a sus expensas el altar y retablo de Santo Domingo, el año de 1758, y puso sus armas con la siguiente inscripción: “Escudo de armas de la noble Casa de los Valera “. Otra de las ramas de la familia Alcalá-Galiano – cuyos descendientes viven en Cabra – costeó y puso sus armas sobre el retablo de San Pedro Mártir, en el año de 1757; las familias Roldán y Reinoso, ayudadas por el convento, costearon el hermoso camarín y retablo de Nuestra Señora del Rosario[10], y por fin, con otros donativos se hicieron los demás altares; no quedando en toda la Iglesia más que un retablo de la antigua, que se colocó en la capilla del Sagrario que costeó el P. Fray Francisco de Vargas, según se desprende de la lápida colocada a la entrada de la capilla, cubriendo su bóveda que lleva la inscripción siguiente: “Se hizo a devoción de M. R. P. Maestro Fray Francisco Vargas. Año de 1789 “. Este mismo religioso había costeado en 1779 el magnífico púlpito de mármol y costeó en 1793 el trono y andas de plata de San Pedro Mártir, con otras varias alhajas.
Así la Iglesia iba adornándose suntuosamente, merced a la piedad religiosa de los vecinos pudientes, y al celo de los Religiosos, que habían cifrado todo su empeño en adornarla con esplendidez, no solo por ser la de su convento, sino también por ser la Parroquial y única del pueblo, dedicando a su ornamentación la mayor parte de lo que producían las rentas y bienes del Convento.

V NUEVO LITIGO CON LA CORONA.- SU RESOLUCION.- REGRESO DEL PRIOR DESDE LA CORTE.- CAPILLA PARROQUIAL.- VENTA DE BIENES DE BENEFICENCIA, SANTUARIOS, COFRADIAS, ETC
Cuando más tranquilo se hallaba el Convento en la quieta y pacífica posesión de su Iglesia y de sus prerrogativas, se vio envuelto en un nuevo pleito; pero esta vez no fue con los Obispos de Córdoba, sino con la misma Corona, en los últimos años del reinado de Carlos III.
El Concordato de 11 de enero de 1753, concertado entre Su Santidad el Papa Benedicto XIV y el Rey Católico Fernando VI, firmado en Castelgandolfo y ratificado en 20 de febrero del mismo año, y el Breve aclaratorio del mismo Pontífice, dado en Roma, bajo el anillo del Pescador, el día 10 de septiembre del repetido año, confirmaba la prerrogativa Real para el nombramiento de todos los Beneficios de las Iglesias de España, a excepción de 52, que en el mismo Breve se mencionan. Por consiguiente el nombramiento de Curas del pueblo de Doña Mencía pertenecía a la Corona. Opúsose el Convento alegando sus derechos y preeminencias, y formando el oportuno expediente ante el Escribano Público de la Villa D. Bonoso Marcelino de Corpas, se entabló el pleito ante el Procurador Fiscal de la Cámara en todas las materias pertenecientes al Real Patronato. Algunos años pasaron sin que recayese resolución definitiva, hasta que al fin el Prior partió para la Corte, llevando consigo las Bulas y Cédulas Reales que confirmaban los privilegios del Convento. Por fin obtuvo la Real Cédula de Carlos IV – que no va inserta por no permitirlo los estrechos límites de este libro – en la que se reconocía el derecho de los Religiosos, guardando las condiciones y reglas que en la misma Cédula se detallan.
El regreso del Prior, que de antemano había escrito notificando el favorable fallo, fué un verdadero acontecimiento. A pesar de las malas condiciones de los caminos de aquella época muchas personas llegaron a esperarlo hasta Andújar; y especialmente desde Baena, el camino se hallaba sembrado de flores y lleno de inmensa muchedumbre; siendo tal el delirio de algunos que tendían sus capas para que sobre ellas pasase la mula en que cabalgaba el Prior. Todo el pueblo acudió al camino. Se erigieron arcos de follage; hubo iluminación general, siendo notable la de la torre de la Iglesia, claustros del Convento; repique de campanas, capeas y otras diversiones públicas, y por último, se cantó el Te Deum y se celebró un solemne Triduo de acción de gracias.
Para armonizar el derecho de la Corona y las atribuciones del Diocesano con los privilegios del Convento, de acuerdo con las disposiciones de la Real Cédula, se estableció la Parroquia en la capilla del Sagrario, - creada como va dicho en 1789 -; a su inmediación se formo otra capilla con su altar, en la cual se instaló la pila bautismal y a continuación en pieza a parte, se instaló el Archivo Parroquial, al cual se trasladaron los Libros de Bautismo, Desposorio y Defunciones, que antes se guardaban en el Convento. A uno y otro lado de las dos capillas se colocaron confesionarios para los tres Religiosos que ejercían el cargo de Curas, y para los clérigos particulares. Los entierros entraban y salían por la puerta de la nave del Evangelio, y los cadáveres se exponían delante de la capilla del Sagrario; costumbre que a pesar de la exclaustración, siguió hasta 1864. Los Obispos de Córdoba en sus visitas solo la hacían al Sagrario Parroquial, Pila Bautismal y Archivo; la visita al Sagrario del altar mayor estaba reservada a los Prelados de la Orden. La bóveda del Sagrario se reservó para enterramiento de los Religiosos que ejercieran el cargo de Curas. Y tan escrupulosamente se llevó a cabo este deslinde de atribuciones, que, hasta la época de exclaustración, se cantaban dos misas los días festivos, la una, pro pópulo, en el altar del Sagrario, y la otra, conventual, en el altar mayor. En suma, la Parroquia comprendía desde el arco de la nave del Evangelio que esta contiguo al Sagrario, hasta la puerta de entrada a la misma nave; - todo lo que hoy esta ruinoso – lo demás se conceptuaba como Iglesia del Convento. Era, en fin una cosa análoga a lo que acontece en muchas Catedrales con la Parroquia del Sagrario.
Por Real Decreto de D. Carlos IV dado en 19 de septiembre de 1789, inserto en la Cédula del Consejo del mismo mes, se ordenó, para los fines que en la misma se determinan, la venta de bienes de Hospitales, Hospicios, Casas de Misericordia, Cofradías, Memorias, Obras Pías y Patronatos de legos. En su consecuencia, se enajenaron algunos bienes que poseía el Hospital, que existió en este Villa junto a la Ermita u Oratorio del Espíritu Santo[11]; los de las Ermitas de las Angustias, San Sebastián y Santa Catalina; los de las Cofradías del Rosario, de las Ánimas y del Santísimo; los de la Obra Pía para escuelas[12], y otros varios. Y aunque dicho Real Decreto disponía que los capitales que produjesen las ventas devengasen el interés de tres por ciento destinado a llevar las cargas de las fundaciones, lo calamitoso de los tiempos que siguieron impidió la cobranza de dichos intereses, y así fueron extinguiéndose tanto el Hospital como la Obra Pía y Cofradías mencionadas. Del cuantioso capital de Beneficencia que poseía Doña Mencía, solo se conservó una dote para doncellas pobres, del cual se tratará más adelante.


VI INVASION FRANCESA.- AÑO DEL HAMBRE.- NUEVAS CONSTRUCCIONES.- ADQUISICION DE COLGADURAS Y OTROS ADORNOS.- COLERA 1834.- EXCLAUSTRACION.- DEPOSITO PROVISIONAL DE LAS ALHAJAS DEL TEMPLO.
Llegó la invasión francesa en 1808, y después del alzamiento de Madrid en el memorable 2 de mayo, las provincias españolas lanzaron el grito de: Independencia, y las tropas francesas, se extendieron por la Península. El General francés Dupont forzó el paso de Despeñaperros, y entrando en Córdoba, que no podía oponerle resistencia, la entregó al saqueo. Luego se exparcieron sus tropas por la provincia, robando y saqueando cuanto encontraban al paso, y cometiendo en los pueblos las mayores atrocidades. Un destacamento de estas tropas vandálicas entro en Doña Mencía, cuyos moradores, en su mayoría habían abandonado el pueblo, refugiándose en otros inmediatos, o habían huido al otro lado de la sierra por la parte de La Nava, ocultando de antemano todo lo que buenamente pudieron. El Prior del Convento había tenido también la previsión de ocultar, cuidadosamente la mayor parte de las alhajas del templo. Los franceses, después de cometer desafueros en varias casas, se dirigieron al Convento y exigieron del Prior les entregase las alhajas de la Iglesia. El buen Religioso se excuso, manifestando sus propios ojos; y al fin; después de una requisa minuciosa, se apoderaron de dos cálices, una araña de plata de la Virgen del Rosario y otras alhajas de poco valor, que habían quedado expuestas para no infundir sospechas. En cambio saquearon el Convento llevándose cuantas provisiones encontraron. Pocos días después, el 19 de julio del dicho año, se dio la celebre Batalla de Bailén, en que los generales españoles Castaños y Reding derrotaron a los franceses Dupont y Vedel, dejando tendidos en el campo de batalla 22.000 enemigos y cogiendo prisionera toda la división del último, que ascendía a 18.000 hombres. Tomaron los españoles además el inmenso botín que conducían los invasores, en el cual se encontraron inmensas riquezas de los templos que habían saqueado. Castaños devolvió religiosamente a cada Iglesia lo que acreditó pertenecerla, y así la de Doña Mencía recuperó los dos cálices y las otras prendas de que se habían apoderado los franceses, excepto la araña que había desaparecido.
Algunos años tardó el Convento en reponerse del quebranto sufrido, pues aunque el de 1809 fue abundantísimo, en cambio el de 1812, llamado año del hambre, fue horrible, pues los comestibles subieron a precios tales[13], que muchas gentes después de alimentarse con yerbas y raíces, morían extenuadas. Como las familias principales habían abandonado la población, estableciéndose en otros puntos de mas importancia a fin de estar más a cubierto de las tropelías de los franceses que habían vuelto a invadir la Andalucía, el Convento no podía dejar de socorrer tan extrema necesidad; y, aunque mermo considerablemente los recursos, el hambre no hizo en Doña Mencía los estragos que en otros pueblos.
Ya repuesto el Convento de sus quebrantos, se pensó en ampliarlo, pues, por haber dado buena parte de su recinto para la construcción de la Iglesia y capilla, había quedado sumamente estrecho. Además, ya en 1816, los Religiosos sacerdotes ascendían a veintidós, con un buen número de novicios, legos y sirvientes. En su consecuencia se le agregó un buen pedazo de terreno, por la parte del Norte, en el cual se construyeron dos magníficas salas priorales, alta y baja, con otras dependencias, con balcones a Norte y Poniente, que daban al edificio un exterior sumamente agradable. En los sótanos de las nuevas construcciones, llamados Atarazanas se colocaron las bodegas del Convento.
Dos años después adquirieron los Religiosos la magnífica colgadura de damasco rojo, que hoy existe, y al año siguiente seis hermosas arañas de cristal para los arcos laterales de la nave central y una mayor de dos cuerpos de luces para el Presbiterio; por el mismo tiempo, también, con el producto de unas casas que una señora piadosa donó a la Iglesia, se costeo el pavimento de mármol blanco y negro, para la Iglesia, el Apostolado y la Sillería del Coro. En 1821 se hicieron las suntuosas andas y trono de plata en que se saca la Custodia para el día del Corpus. En 1825 se hizo el riquísimo estandarte de Nuestra Señora del Rosario, con tela de plata bordada en oro a gran realce, con vara y cruz de plata, cuya alhaja costó dieciocho mil reales, según unos apuntes antiguos. En 1829 se adquirió la nueva imagen del Beato Francisco de Posadas[14], y en 1832 el hermoso trono e imagen de San José, ultima adquisición de importancia de que han quedado noticias.
Atacada la población por el cólera morbo en el verano de 1834[15] causó tantos estragos que en el Convento sólo quedaron dos Religiosos sacerdotes, Fray Antonio García y el P. Campos. El Real Convento de San Pablo de Córdoba envió otros seis Religiosos sacerdotes, y así continuo hasta que el año 1837 se dio orden de exclaustración.
Al presentarse como Comisionado del Gobierno un señor Tablada[16], natural de Montilla se incautó del edificio y de todos sus bienes y pertenencias, y los Religiosos abandonaron para siempre el Convento. Al haber tenido defensores, muy otra hubiera sido la suerte de la Iglesia, pues cumpliendo extrictamente el Decreto, en uno de cuyos artículos se disponía que las piezas contiguas a las Iglesias de los Conventos quedasen exceptuadas de la desamortización y para desahogo de las mismas Iglesias, no hay duda que hubiera quedado a beneficio del templo toda la parte que con el lindaba, como ocurrió con otros muchos que pudieran citarse. Pero el Patrono principal de la Iglesia vivía en la Corte, los de los altares estaban avecinados en otros puntos, los Religiosos nuevos, huyeron, los dos que hemos nombrados antes, acobardaron, y los seglares que hubieran podido y debido defender el asunto, no lo hicieron por miras interesadas. Separóse pues el edificio convento del de la Iglesia; pero, en tales condiciones que habían de serles fatales.
Vendido el convento se dividió en tres partes haciendo la división por medio del patio en el sitio que ocupaba la fuente y por la espalda de la gran escalera de mármol[17]. La parte norte fue adquirida por los señores Moreno, entrando en ella las Atarazanas; a don Cristóbal Vergara López, se adjudicó la que lindaba por la Iglesia, compensándole por lo que avanzaba dentro de ella el edificio del templo con las habitaciones altas de la sacristía y del camarín del Rosario y los graneros que estaban frente al castillo, y don José Priego Mármol obtuvo la parte que mira a Levante, en la cual estaba la casa de labor. Solo se dejó a la Iglesia, como si fuera una limosna, el Salón de Referctorio[18] y las habitaciones que pisaban sobre el Bautisterio y archivo, y para estas fue necesario abrir escalera detrás de la puerta de la nave del Evangelio. El camarín de Jesús Nazareno que tenía su entrada por el Convento, quedó sin comunicación al cerrar la puerta de entrada del Convento a la Sacristía, y hubo que abrir a este, nueva escalera. En fin, baste decir que para guarda–plata quedó el cuarto donde se guardaban las esteras, situado a espaldas del altar mayor. Procedióse después a la venta de los muebles y enseres del Convento. Solo diré sobre este punto que habiendo empezado a resentirse la torres de la Iglesia, para su próxima reparación los Religiosos habían almacenado treinta y seis millares de ladrillos y se vendieron, ¡ a real el ciento![19].
No salió la Iglesia tan mal parada por lo que respecta a las alhajas gracias a la situación ambigua en que se encontraba. El Comisionado Tablada pretendía recogerlas todas, alegando que aquella Iglesia era del Convento, pero las autoridades y el pueblo sostenían que era Parroquia de la villa. Al fin, en una reunión celebrada al efecto en la Casa Consistorial, se convino entregar alguna alhajas para cumplimentar la orden del Gobierno, y que de las demás quedase el Ayuntamiento como depositario responsable, hasta tanto que por el Gobierno de Su Majestad se adoptaba la resolución que procediera. Entregáronse los lámparas que tenían los Ángeles de la entrada del Presbiterio, una vara de guión con su cruz, y un acetre con su hisopo y una campanilla de las dos que había, todo de plata. El Comisionado dio recibo de lo que se llevaba, y este recibo quedo unido al Acta que se levantó y se halla en el libro Capitular de sesiones del Ayuntamiento del año 1837. De las demás alhajas inventario triplicado, quedando uno de los ejemplares en la Parroquia, otro en el archivo del Ayuntamiento y el tercero en la Escribanía Pública del pueblo. También algunos particulares obtuvieron copias simples[20].


VII CONSECUENCIAS DE LA DEFECTUOSA SEPARACION DE LOS DOS EDIFICIOS.- PRIMERA VISITA PASTORAL DESPUES DE LA EXCLAUSTRACION.- OBRAS DE REPARACION DE 1867 Y 1868.- COINCIDENCIA
Pocos años habían pasado cuando ya empezaron a tocarse las consecuencias de la anómala separación de la Iglesia y el Convento. La tapia levantada en medio del patio del claustro para dividir las dos partes principales del convento, cejo las tejas que recibían las aguas pluviales de los tejados de ambos edificios, y el terreno empezó a resentirse. Por eso en los años de 1845 o 1846, el Ayuntamiento, a cuyo cargo estaba la recaudación de la Contribución al Culto y Clero, tuvo que emprender algunas obras para contener la ruina que se presentía. El pormenor de estas obras se halla en un legajo del Archivo Municipal. Poco tiempo después un incendio destruyó la media naranja del Convento, y gracias a que pudo cortarse a tiempo, pues ya amenazaba la cercana nave de la Iglesia. Más adelante los dueños de la parte Norte del exconvento, derribaron los tejados y techos para aprovechar los materiales y más tarde demolieron la esquina del mismo, que era de piedra de cantería, con lo cual se privo a la Iglesia de su principal punto de apoyo. No teniendo la Iglesia propiedad sobre los tejados de la Sacristía, no podía atender a su reparación, y esta se convertía en una laguna, por lo cual en 1858 hubo necesidad de habilitar para Sacristía la entrada del camarín del Rosario. Los ornamentos habían sufrido bastante deterioro por las lluvias, y también se desprendió a causa de las goteras, uno de los cuatro ángeles grandes que había en el camarín, deteriorando algo el trono de la Virgen.
Para evitar estos daños, y al mismo tiempo dar cumplimiento a un disposición superior encaminada a poner a las Iglesias en condiciones de seguridad, el Arcipreste D. Juan Raimundo Cubero y el Ecónomo primero y Rector D. Rafael Ruiz de Pedrajas, negociaron un convenio con D. Cristóbal Vergara López, por el cual éste señor cedía en propiedad a la Iglesia, las habitaciones que pisaban sobre la Sacristía, guarda–plata y camarín antedicho, con alguna parte del granero antiguo; recibiendo en compensación, el salón del refectorio con su callejón de entrada. De este modo quedó la Iglesia mas independiente y con más seguridad, puesto que en las habitaciones que habilitó se puso casa para el sacristán y mas adelante oficina para el archivo.
En el mes de agosto de 1859, el Excmo e Iltmo Señor Don Juan Alfonso de Albunquerque, Obispo de Córdoba, hizo su santa Visita Pastoral, primera llevada a cabo después de la Exclaustración. Al presentar al Prelado el inventario, que era la copia que quedo en poder de la Iglesia en 1837 y solo contenía la descripción de las alhajas de oro y plata y los mejores ornamentos, quedo admirado del rico caudal que poseía la Iglesia. Ordeno que se hiciera un nuevo inventario, mas extenso y minucioso, en el cual se fuesen especificando, nava por nave, los altares que contenía, las imágenes de cada uno, ropa y alhajas que le pertenecían y lo mismo en las demás Capillas, Camarines y dependencias de la Iglesia, y que una copia de este Inventario autorizada con las firmas del Arcipreste, Párroco y Obrero, se remitiese a la Secretaría de Cámara del Obispado, para su conservación, (véase el Apéndice 4º). También visitó las Ermitas del Cementerio[21], Calvario[22] y Espíritu Santo, ordenando en las dos últimas algunas reformas.

Interior de la parroquia de Doña Mencía tras su incendio y destrucción en septiembre 1932

El ilustre visitante pudo ver por si mismo la inminente ruina que amenazaba el templo, y tan pronto como término su santa visita envió un arquitecto para que procediera al reconocimiento de todo el edificio. Se levantó la losa que cubría la entrada de la bóveda del Sagrario y después de dar tiempo a que se renovara el aire interior, se vieron en su fondo, unos sobre otros, los cadáveres de todos los Religiosos que allí se habían ido sepultando. También se abrieron las tres bóvedas que había en la nave central, más abajo del púlpito. En estas, que llegaban hasta los arcos de la nave del Rosario, estaban los cadáveres depositados sobre unos poyos que corrían alrededor de las bóvedas. Ni en estas ni en la del Sagrario, había deterioro alguno. Después de un detenido examen de todo el edificio, manifestó el arquitecto, que el único medio que a su parecer había para que el pueblo no se quedase sin Iglesia, era la demolición de la existente y que con los mismos materiales se construyese de nuevo en el recinto del castillo, derribando los tres molinos aceiteros con cinco vigas que en el existen, aprovechando las murallas para paredes laterales y la torres que da a la calle Llana para colocar las campanas. Varias causas se opusieron a la aprobación de este proyecto, quizás el más conveniente de cuantos se propusieron. Fue una de ellas el enorme gasto que esto suponía pues se dijo ascendía a un millón de reales. Otra de estas causas era la oposición del Ayuntamiento, pues teniendo que dar la entrada al nuevo templo por el sitio que hoy ocupa el Pósito y las Escuelas, había que ceder estos locales. Un segundo arquitecto, enviado después, propuso se construyese nueva Iglesia en la plaza, en la casa que da frente al Ayuntamiento, pero reconocido el terreno se vio que era movedizo y húmedo, por lo cual fue de parecer que debía expropiarse la calle Santa María, con las casas adyacentes de la Plazuela por la Cruz y calleja del Médico, y edificar el templo en el solar que resultara. Entre tanto la Iglesia caminaba a su ruina a pasos agigantados, pues el terremoto acaecido a las ocho de la mañana del día 11 de noviembre de 1862 la dejo muy quebrantada. El manchón del púlpito y los que le seguían hasta el Coro se iban hundiendo en el terreno; la fachada de la nave del Rosario amenazaba desplomarse, por lo cual hubo de inutilizar aquella puerta de entrada, y por último se hundió la bóveda subterránea del Coro quedando este cerrado. Por fin, se formo un presupuesto de reparación y por la influencia y buenos oficios del Diputado a Cortes por el Distrito, Excmo Sr. D. Martín de Belda, después primer Marqués de Cabra, se consiguió la aprobación del Gobierno de SM saliendo las obras a subasta pública, y adjudicándose a D. Ramón Urbano Ruiz, vecino del pueblo, en la cantidad de setenta mil y pico pesetas.
Empezaron las obras en el mes de septiembre de 1867. Se abrieron grandes zanjas para reforzar los cimientos del machón del púlpito y los dos contiguos, echándose de ver, con asombro, que estaban construidos sobre cascote, que habría sido echado allí para rellenar el terreno; se macizaron las tres bóvedas de la nave central, las dos de la de Jesús y la del Sagrario; se pusieron gruesos tirantes de hierro, desde unos a otros machos, tanto en la nave central como en las laterales; se derribó la bóveda del coro, dejando su pavimento solo una cuarta más alto que el piso de la Iglesia con lo cual se dio a esta mas hermosura por haber desaparecido las dos escaleras laterales que avanzaban hasta la mitad de los arcos contiguos; se macizó también el arco donde estaba embutida la escalera del órgano dando entrada por la tribuna, y a la torre por el coro; se rellenó también la otra pared lateral del mismo; se derribó la portada de la nave del Rosario, y se levantó de nuevo dándole más grueso, pulimentando las pilastras y uniéndolas entre si con trabazones de hierro; se subió una cuarta el piso de la Sacristía; se trasladó el altar y retablo de Santa Teresa al sitio que había ocupado la puerta que había de comunicación con el exconvento, por bajo del altar de los Dolores, poniendo en la capilla de primero la pila bautismal y dejando la otra pieza para el paso al órgano y habitaciones altas para las capillas; y por último, se derribó el cuerpo bajo de la torre, construyéndole de nuevo poniéndole la base y zócalo de grandes piedras de tierra de canterías y dos fuertes murallas, bajo tierra a las esquinas y revocando las cuatro fachadas de la torres. El 13 de septiembre de 1868 se dio por terminada la reparación, y en procesión solemne se condujeron al templo las sagradas imágenes, que durante las obras habían estado depositadas en casas particulares. El 14, día en que se celebra la fiesta votiva a Nuestro Padre Jesús Nazareno, (Véase el Apéndice 3º), se abrió al culto la restaurada Iglesia, llevando en procesión al Santísimo Sacramento, y cantándose el Te Déum a continuación de la fiesta. La velada se celebro en el llano de la Iglesia.
Parece providencial que aquel año se hiciera la reparación del templo, pues cuatro días después, el 18, empezó en Cádiz la Revolución de Septiembre, en la que tantos edificios religiosos vinieron al suelo a impulsos de la piqueta demoledora, y si en aquellas circunstancias hubiese seguido ruinoso el edificio y sin haberse logrado la consignación para las obras, solo Dios sabe cual hubiese sido la suerte de nuestra única y suntuosa Iglesia.

VIII NUEVOS SINTOMAS DE RUINAS.- HUNDIMIENTO EL DIA 2 DE JUNIO DE 1887.- REPARACION PROVISIONAL.- OTRO HUNDIMIENTO EL DIA 5 DE MAYO DE 1895.- SU RECONSTRUCCION.- NUEVAS OBRAS DE CONTENCION.- ESTADO DEL TEMPLO AL EXPIRAR EL SIGLO XIX
Pocos años después de concluida la reparación anterior, derribaron sus dueños la parte del Convento que lindaba con la Iglesia, y esta quedo completamente desamparada por aquel lado. No habiéndosele dado salida, por ninguna parte, a la aguas de los tejados de la Iglesia, natural era que, empapándose en los escombros, se filtrase a los cimientos. Así que, los machones del templo empezaron de nuevo a bajarse inclinándose al centro de la nave de Jesús. Las capillas del Sagrario y del Bautisterio amenazaban venirse al suelo. Se recompuso la pared Norte de la primera y luego se derribo la segunda y la pieza contigua, y se construyeron de nuevo en la forma irregular que hoy tienen, haciéndose un corredor desde ellas para pasar al órgano. También se cortó el machón en que se apoya dicho órgano, y se construyó de nuevo de yeso y ladrillos.
Pero el golpe mas funesto para la Iglesia, fue el que recibió la tarde del 2 de junio de 1887. Se trataba de cortar y sacar nuevos cimientos al machón inmediato al del púlpito. Apuntalado sin duda, convenientemente, se empezó a derribar la parte baja. Eran las cinco de la tarde cuando empezaron a crujir las maderas del interior de las bóvedas. Tal vez como las grietas de los arcos laterales llegaban hasta las ventanas, los puntales no pudieron resistir el peso que se les vino encima. Un cuarto de hora después un terrible estruendo y una densa polvareda que salía del templo anunciaba el desastre. El machón se había derrumbado trayéndose consigo todo el lienzo del muro comprendido entre las dos ventanas, desde el tejado hasta la mitad de cada arco, y arrastrando consigo la parte de la bóveda correspondiente a cada nave. Providencial que este suceso aparte de las pérdidas materiales que ocasionó, no trajese un día de luto para la población. Los albañiles al oír los primeros chasquidos de las maderas que se rompían, salieron precipitadamente con el Cura en busca de nuevos puntales; una familia que había dentro de la Iglesia, esperando bautizar a un niño, también se salió por espontáneo impulso, sin llevar a cabo su cometido, y ... minutos después de su salida ocurrió el derrumbamiento. Y si este no fue mayor debióse a la misma construcción del edificio. En la parte del muro que sostenía el tejado de la nave central, corría, en todo su largo, una gran viga, de las que vulgarmente llamamos puentes, y sobre ella estaban clavadas las vigas del tejado de la nave. Así es que al derrumbarse el macho y lienzo del muro, el tejado quedó al aire, pero sostenido por aquella especie de puente que formaba la gran viga apoyada en los extremos del muro que quedaban en pie. De estar las vigas apoyadas directamente en el muro y haberse empezado a hundir el tejado de la nave central, Dios solo puede saber lo que hubiera quedado en pie de todo el edificio. También en el hundimiento de la nave de Jesús, ocurrió una casualidad providencial. Al desprenderse las vigas y tirantes de aquella parte, después que derribaron parte del techo de la bóveda, los extremos de las vigas que apoyaban sobre la nave central, vinieron a descansar en el suelo, quedando los otros extremos en el sitio de arranque, de modo que se formo una especie de triángulo rectángulo, cuyos lados eran el suelo y la pared lateral del Norte y su hipotenusa las vigas con el tejado encima. Bajo este singular parapeto quedó oculto el Altar de Nuestra Señora de los Dolores. Tan resguardado quedó este que ni el altar ni el retablo, ni las sagradas imágenes, ni aún las cristaleras de los nichos sufrieron quebranto alguno. Hasta la lámpara de plata del Sagrario[23], que provisionalmente se hallaba colgada delante del altar de la Virgen, sólo sufrió el desperfecto de desenlazarse una cadena, quedando colgada en el mismo sitio. La pérdidas de objetos que ocasionó el derrumbamiento fueron dos arañas de cristal de ambos arcos y el cuadro del Apostolado correspondiente a aquel manchón.
Inmediatamente se procedió a apuntalar el manchón del púlpito para evitar que por aquella parte se viniera abajo la cúpula y con ella la mayor parte del edificio. Abrióse una suscripción en el vecindario que produjo unas cuatro mil pesetas. A esta cantidad se unió otra de quinientas producto de una rifa de una imagen del la Virgen del Carmen[24], que para este fin dono el Presbítero D. Juan Rafael Moreno Navas, natural de este pueblo y vecino de Barcelona. Con esta suma se dio principio a las obras más urgentes. Se macizó el arco que unía la parte baja de la nave con el brazo del crucero y en la pared que resulto se colocó el retablo y altar de Nuestra Señora de los Dolores frente a Jesús Nazareno; se levanto el manchón y lienzo de muros derribados y se cerraron todos los arcos de la nave central que daban a la de Jesús, incluso el toral correspondiente a la misma, dejando en este último un arco mas bajo y estrecho. Al fin se consiguió sin nuevo derrumbamiento subir aquellas paredes que sirvieron de sostén a la Iglesia, y esta quedo privada de la nave del Evangelio, casi toda y de las Capillas del Sagrario y Bautisterio. Durante estas obras se estableció provisionalmente la Parroquia en las cosas que Don Francisco Moreno Ruiz posee en la calle Nueva.
Un nuevo hundimiento vino a aumentar el cúmulo de ruinas. Mientras se celebraban los oficios de María, en la lluviosa tarde del 5 de mayo de 1895, se hundió el tejado del camarín de Jesús, cayendo sobre el cimborrio, el cual no pudiendo resistir el peso, se vino abajo, trayéndose el cuerpo de luces, cupulilla y pedestal que eran de piedra de cantería. Toda esta mole vino a parar al suelo del camarín, el cual se hundió también yendo a parar todo a la Sacristía. Por fortuna la Santa Imagen que se había bajado para la procesión del Viernes Santo, no se había vuelto a colocar en su trono, tal vez previniendo lo que se iba a suceder y solo el dicho trono sufrió bastantes desperfectos. Fue casualidad que no se hiciese pedazos la gran mesa de mármol de la Sacristía, aunque recibió algún deterioro. La Sagrada Imagen fue depositada en casa de su patrono el Excmo. Señor Marques de la Paniega, hasta que este a sus expensas reedifico el camarín, el cual se volvió a pintar de nuevo, aunque con menos gusto y mérito que el que tenía pintura anterior.
La Santa Efigie se volvió a llevar en procesión al Templo la noche del 30 de octubre de 1897.
Al fin por la influencia del Diputado a Cortes por Cabra, D. José Sánchez Guerra y Martínez, se consiguió del Gobierno de SM que se librasen diez mil pesetas y se subastaron las obras más perentorias, adjudicándose a un vecino de Montoro. Sin derribar las paredes que cerraban los arcos, se procedió a cortar y erigir de nuevo el manchón del púlpito, sacándole nuevo y mas fuerte cimiento, desmontando antes el tejado de la cúpula para que el peso no gravitase sobre ella; se derribó el arco del Presbiterio y para asentar la cimbra, sobre el cual había de construirse el nuevo fue necesario destruir los medallones y adornos que había en las pechinas sobre las cuales tenia que apoyarse[25], se derribó y construyó el nuevo gran manchón de la puerta de la Sacristía, en cuya construcción se puso tal esmero, que si algún día hubiese necesidad de repararlo, los que lo hicieran quedaran admirados de la obra que tiene en su interior; se derribó la media naranja y para no recargar peso en los cuatros arcos laterales, se formo de nuevo con cañas, revestidas de yeso por la parte visible, sin rosetón ni cascos, y por último se sacaron también nuevos cimientos al tercer manchón contando desde el púlpito, único que quedaba en aquel lado sin reforzar. No se cubrió la parte de bóveda caída, pues parece que esta operación no estaba incluida en el presupuesto de obras. Durante éstas sirvió de Parroquia la Ermita del Espíritu Santo.
Al efectuar el Ilmo. Sr. D. Sebastián Herrero y Espinosa de los Monteros, dignísimo Obispo de Córdoba[26] su tercera Visita Pastoral en el mes de mayo de 1897, quedó dolorosamente impresionado al observar cuan diferente era el estado del templo del que tenía en el mismo mes del año 1884, cuando lo vio por primera vez. Reparando en el estado de la bóveda se dirigió a los fieles presentes en el sentido discurso excitándoles para que con sus limosnas contribuyesen a la obra, para la cual el Prelado dio, de su peculio particular, setecientas cincuenta pesetas. Pero el pueblo no correspondió al llamamiento y no siendo bastante la cantidad donada por el Obispo, quedó sin tapar la bóveda. Por fin, algunas personas piadosas tomaron a su cargo la recomposición y la bóveda quedó cerrada en la parte de la nave central.
La piadosa Señora Doña María del Rosario Moreno Priego[27], a quien la Iglesia de Doña Mencía debe bastantes mejoras, restauró enseguida el trozo de nave que hoy forma la capilla de Nuestra Señora de los Dolores, volviendo a colocar en su primitivo sitio el altar y retablo de dicha Imagen. En el año siguiente otras varias señoras restauraron otro trozo de la nave, contiguo al anterior, formando otra Capilla en la que se colocó el Altar y Retablo del Sagrario, quedando habilitado para los fines de la antigua.
Con estos reparos quedó la Iglesia en la forma irregular que hoy tiene.

Hemos quedado al final del Siglo XIX, segundo de vida del templo. El estado de este es el siguiente: las naves central y del Rosario mantienen su primitiva forma, aunque con las imperfecciones de la cúpula en la primera. La nave de Jesús queda transformada por completo. Del brazo derecho del crucero se ha formado una capilla, que esta pidiendo reparación, con los Altares de Jesús Nazareno y Santo Domingo. En su tercera pared, resultado del cerramiento del arco, no haya altar alguno, pero se cree se colocará el de Santa Teresa que esta allí depositado. Por bajo del púlpito se han formado las dos capillas ya descritas. En el último arco de este lado sigue en pie la pared que se levantó para separar la nave, y tras de ella quedan sin restaurar la que sirvió de Parroquia hasta la exclaustración. La fachada de esa nave también pide reparaciones. No existe Bautisterio pues desde el hundimiento de 1887 se bautiza en la Sacristía.
Dios haga que el siglo XX sea más feliz para la Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación de Doña Mencía que el que acaba de terminar.
José Montañez Lama.- Maestro Nacional
Enero de 1901

Portada del Boletín de la Real Academia de Córdoba donde se publicó el Bosquejo Histórico de la parroquia de Doña Mencía

APÉNDICE 1º
En la pagina 240 al tratar del Real Decreto de 19 de septiembre de 1789 ordenando la venta de los bienes de Hospitales, Hospicios, etc, se hizo mención de una dote para doncellas pobres, y con el fin de que no se pierda la memoria de tan piadosa fundación, se transcribe aquí copia del documento que lo acredita, existente en el Legajo correspondiente del Archivo Municipal; cuyo documento dice así literalmente copiado y con su misma ortografía: “D. Bonoso Marcelino de Corpas, Alférez de Caballería retirado, Escribano Público de SM (Q.D.G.) de esta villa, de Doña Mencía, Doy fe: Que en un Protocolo de Escrituras Públicas que pasaron ante Juan Galiano Moreno, Escribano que fue de este número, correspondientes al año pasado de mil setecientos diez y seis se encuentra una de testamento nuncupativo otorgado por Don Pedro Valera Roldán, Presbítero, que fue de esta vecindad, en el día treinta de Junio de expresado año por el que aparece hecha la protestación de nuestra Santa Fe, nombrados herederos y la revocación de todas las disposiciones testamentarias que tuviere hechas con anterioridad y entre las cláusulas y declaraciones que dicho Instrumento, lo es una, la que copiada literalmente dice así - Dote a parientas- Y en atención a que dicho vínculo que así funde juntamente con el Licenciado D. Juan Valera Roldán, Presbítero y D. Antonio Valera Roldán, Familiar del Santo Oficio, mis hermanos vecinos de esta villa, por escritura ante el presente Escribano, y posesiones que para mayor del le he agregado en este mi Testamento, es muy suficiente para cargarle las pensiones que se refieren en dicha Escritura de Fundación, y en este, mi Testamento y la Obra Pía que se expresare en esta cláusula, es mi voluntad que por los poseedores de dicho vínculo se dé perpetuamente en cada un año un dote de cincuenta ducados a una pobre huérfana de padre y madre, y aunque los tenga como lo sea de solemnidad para ayuda a ponerse en estado de matrimonio, atendiendo a que sea parienta mía la que lo fuere más cercana y por voto de la persona que obtuviere dicho Mayorazgo y para su nombramiento se ha de acompañar con el Corregidor Alcalde ordinario y del Vicario Prior del Convento de Religiosos de Sor. Santo Domingo de esta dicha villa, que en las ocasiones de tales nombramientos fueren de ella, sobre que a todos les encargo las conciencias para que cumplan con esta mi voluntad e intención de que atiendan según que yo a que sea la que justificare tener más inmediato parentesco conmigo y pobre de solemnidad; y sí cumplido el año no hubiera parienta mía en quien concurran dichas circunstancias y que tome dicho estado de matrimonio, es mi voluntad se le dé dicho lote de cincuenta ducados a otra mejor que no sea tal mi parienta que tomase dicho estado, ateniendo siempre a la mayor necesidad, y para que esta limosna y Obra Pía que dejo tenga permanencia para siempre jamás, concedo facultad a dichos Señores Corregidor o Alcalde ordinario, Vicario y Prior que fueren de esta villa para que apremien por todo rigor de derecho a los poseedores de dicho Vínculo y a cada uno en su tiempo a que paguen de las rentas de dicho dote anual en la forma que va prevenido, haciendo autos y procediendo para ello jurídicamente ante la Justicia Real de esta villa, los cuales pasen y se hagan ante el Escribano en cuyo oficio pasare y estuviera protocolado mi testamento, y las costas que se ocasionaren en los casos de que los poseedores de dicho Mayorazgo no diesen cumplimiento a dicha Obra Pía han de ser de su obligación pagarlas, y para su satisfacción han de tener la misma facultad de apremio para contra dichos poseedores los dichos Sres. Jueces para que también les encargo las conciencias a todos los referidos, y es mi voluntad que luego que yo fallezca el primer dote de dichos cincuenta ducados que se diere sea a una hija de Francisco Luque Roldán, difunto, vecino que fue de esta villa, que esta casada con Juan Moreno, hijo de Pedro Moreno, todos vecinos de ella, y el segundo dote se dé a María Rodríguez, vecina de esta hija de Lorenzo Moyano, y después de estas dos, entregando dicho dote en el tercero y cuarto año de mi fallecimiento, Isabel y Jerónima de Córdoba, hijas de los dichos Julián Jiménez difunto y María de Córdoba, viuda, aunque no tomen dicho estado de matrimonio en el año que a cada uno les va señalado, y después de pasados dichos cuatro años de mi fallecimiento y pagados dichos cuatro dotes, es mi voluntad que en adelante perpetuamente para el pago de los demás dotes se guarde en orden que dejo dispuesto en esta cláusula”. La cláusula inserta esta fielmente copiada del testamento original, del que llevo hecha la referencia a el cual me remito. Y para que conste a solicitud del Ilte. Ayuntamiento de esta villa, pongo el presente que signo y firmo en dos hojas útiles en la villa de Doña Mencía a diez de marzo de mil ochocientos treinta y cuatro. Signado. Bonoso Marcelino de Corpas. Hay una rúbrica.
Notas.- La familia Valera de Cabra, vino pagando religiosamente este dote, como poseedora de los bienes sobre los cuales está consignado; pero por los años mil ochocientos ochenta y tantos, su último poseedor D. José Valera vendió dichos bienes a D. Juan Ortiz Priego, natural de Doña Mencía y vecino de Cabra descontándose del importe de la venta el capital correspondiente a dicho dote. Hasta 1887 vino pagándose religiosamente, pero desde ese año dejaron de abonarlo, pues el Sr. Ortiz exigía se descontase el importe de la contribución correspondiente, lo cual unido a los derechos parroquiales por sacar el árbol genealógico dejaba muy mermado lo que había de tomar la agraciada. Por fin en el 1899 parece que se distribuyeron los diez o doce dotes atrasados y suponemos que piadosamente pensando, que se guardarían todas las cláusulas que dejará dispuestas el filántropo fundador.

APÉNDICE 2 º
Por los años 1881 u 1882, el Ayuntamiento de la ciudad de Córdoba deseando formar una Biblioteca en la que se conservaran obras de los escritores que hubiesen sido hijos de la Provincia, pidió, en atento oficio, al Señor Alcalde de Doña Mencía que , si podían encontrarse, le facilitase un ejemplar de cada una de las obras y autores siguientes, hijos de este pueblo.
He aquí la nota que acompañaba:
D. Vicente Alcalá Galiano, Profesor del Colegio de Artillería de Segovia, Comisario de Guerra, Director General de Rentas y Tesorero General. Nació en Doña Mencía en el año 1758 y murió en Cádiz en 1810.
Compuso un “Discurso sobre la industria en general y medios de promoverla en la Provincia de Segovia“.
“Método para la enseñanza de las primeras letras y Gramática Latina“.
“Memoria sobre los perjuicios del antiguo sistema de rentas provinciales“.
Otra “Sobre que capitales deben recaer los tributos“.
Tradujo del francés notas “La Meteorología aplicada a la Agricultura“ del abate José Poaldo : un tomo en 4 º. Madrid, 1786.
Fray Pedro de Arrebola, Religioso Dominico. Escribió la “Historia de Doña Mencía”, y un “ Curso de Filosofía Moral “ .
Fray José Cantero, Religioso lego del Orden de Santo Domingo. Escribió un “Compendió del Convento de Nuestra Señora de Consolación del Orden de Predicadores de la Villa de Doña Mencía“, un tomo en 4 º, Córdoba 1801.
No se remitió ningún ejemplar, pues aunque el Sr. Alcalde D. Juan Manuel Navas Morales, hizo bastantes gestiones, solo se supo que existían algunos ejemplares de la última obra citada, y sus poseedores se negaron a entregarla.

APÉNDICE 3 º
El Obispo de Monópoli impartibus infidelium, en su Historia del Orden de Predicadores, parte 5 ª, Libro 2 º, Capítulo 49, impresa en Valladolid, hace mención de las cuatro imágenes mas notables que existían en su Iglesia, y son las siguientes: 1ª La imagen de Nuestra Señora de la Consolación, titular del Convento y de su Iglesia. Refiere un prodigioso suceso ocurrido con motivo de la sequía en el año 1615. Otro caso igual refiere en su obra Fray José Cantero, acaecido en 1615. 2ª La de San Pedro de Verona, Mártir, Patrón del Pueblo. Fue traída de Roma por el R. P. Maestro Fray Bartolomé Caballero, Provincial de Andalucía. Esta imagen es de finísima plata y de muy primorosa escultura; tiene un palmo de altura y en su pecho embutida la reliquia de un diente del Santo; en su mano derecha lleva una palma con tres coronas y en la izquierda un libro donde se hallan gravadas las palabras: Credo in inum Deum Creator en visibilium et invisibilium. En el costado derecho se ve el mango de un puñal y en la cabeza una hacha que divide el cráneo. Hasta el año 1793 tuvo la imagen un trono de madera dorado, pero en ese año se costeó el magnífico que hoy tiene, trasladando a el las reliquias que contiene. Son éstas de San Pedro Apóstol, Santa María Magdalena, Santo Tomás de Aquino, San Vicente Ferrer, Santa Columba, San Ponciano, San Acacio, San Zenón y otros varios Santos. El dicho trono es de plata, así como también las andas en que se pone para la procesión: de los cuatro extremos de las andas salen otras tantas columnas del mismo metal que sostienen un dosel o palio que cobija la imagen.
3ª y 4ª Las efigies del Santo Cristo de la Caridad, vulgo de las Animas, y Nuestro Padre Jesús Nazareno. Refiere Fray José Cantero, en su obra citada, que, en el año de 1680, fue acometido el pueblo de una horrible peste que ocasionaba numerosas víctimas. En tan angustiosa situación acordaron sus moradores sacar en procesión la primera de dichas efigies, que es un crucifijo de bastante mérito y tamaño natural, y la llevaron al hospital, donde fue tanta la mortandad que no quedó enfermo vivo. Desalentados con este suceso, acordaron los vecinos y Autoridades, sacar en procesión una imagen de Jesús Nazareno, que estaba en el Convento sin darle culto y sólo se sacaba para la procesión del Viernes Santo, y desde aquel día cesó el contagio. En memoria de este prodigioso suceso y como testimonio de su gratitud, los dos Cabildos, por solemne voto, acordaron celebrar perpetuamente una función religiosa y procesión a la venerada imagen en el día 14 de septiembre en que acaeció el milagroso hecho. Desde entonces ha venido celebrándose la fiesta sin interrupción y con gran solemnidad, costumbre que después estableció el pueblo de Zuheros y en estos últimos años se ha verificado también en la villa de Baena. Desde aquella época el pueblo de Doña Mencía, recurre a la protección de su Santa Imagen en cuantas epidemias ha sufrido.
Y por tradición se llama túnica del milagro a la que el pueblo costeó a su venerada imagen en señal de gratitud, y solo se le pone e las procesiones de penitencia o rogativa por causa de epidemia. Esta túnica es de tela de seda morada, con ramos entretejidos de plata y oro y seda de colores, y es tal su mérito material que a pesar de contar mas de 200 años de antigüedad, hace poco tiempo la tasó un anticuario en tres mil quinientas pesetas.

San Francisco de Asis en el altar mayor de la parroquia de Doña Mencía

APÉNDICE 4º
En la página 246 se hace mención del inventario que el Iltmo. señor Albunquerque, Obispo de Córdoba, mandó formar en que se detallaran minuciosamente todos los objetos existentes en la Iglesia de Doña Mencía, en el año 1859. A la sazón era Arcipreste Vicario Don Juan Raimundo Cubero Almoguera, y Curas propios D. Rafael Ruiz de Pedrajas, Carmelita exclaustrado, Rector, y los Presbíteros D. Francisco Heredía Doblas y Don Manuel Enríquez y Rivas, Obrero y hoy Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Este último Señor formó un inventario tan minucioso que incluyó en el hasta el jarro del aceite de las lámparas. Con la mayor escrupulosidad fue contando minuciosamente las perlas del collar y brazaletes de la Virgen del Rosario, las piedras preciosas de las joyas de la Custodia, el peso de las lamparas y los eslabones de sus cadenas y las faltas que se notaban en la cruz parroquial y su asta, en los ciriales y otras alhajas.
No permitiendo los estrechos límites de este libro la inserción de todo el inventario, sólo haremos un extracto de el, consignando lo de más interés y dejando para el final la enumeración de los mejores ornamentos y alhajas.


El dicho INVENTARIO se hizo en el orden siguiente:

CAPILLA MAYOR
En el retablo del altar mayor se halla, en el primer cuerpo, el Sagrario para el reservado, al cual se entra por detrás del altar. Forma una capillita minúscula con su retablo, en la que está el Sagrario con mesa de mármol y tres pequeñas estatuas que representan a San Pedro y San Pablo y Santo Tomas de Aquino. En el interior de este Sagrario, cuyas cortinas son bordadas en oro se encierra un copón del cual se tratará mas adelante[28].
A los lados del Sagrario hay cuatro estatuas de Obispos con los atributos de las virtudes cardinales. En el cuerpo siguiente llamado pileto de altar se hallan distribuidas cuatro estatuas de tamaño natural que representan a los Arcángeles San Gabriel, San Miguel, San Rafael y el Angel de la Guarda. Mas arriba está el Manifestador con puertas semicirculares y cuatro niños con incensarios. A los lados se ven dos estatuas colosales de los Patriarcas San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán. En la Coronación del Manifestador hay un crucifijo con dos ángeles a los lados. En el último cuerpo del retablo están a los costados las estatuas de San Pedro y San Pablo y en el centro se abre un Camarín donde está colocada la imagen de Nuestra Señora de la Consolación, titular del templo, sobre un trono dorado.
Esta imagen tiene las ropas y alhajas siguientes: Un manto de damasco azul, con cenefa y estrellas bordadas y una corona sencilla, de plata, para diario. Otro manto azul con ramos y encaje de plata. Una corona y otra más pequeña para el Niño, pero del mismo dibujo, ambas de plata sobredorada. Una media luna de plata con un ángel. Una joya y cruz de oro para el cuello con pedrería. Un rosario de plata sobredorada con las cuentas y cruz afiligranadas[29].
Altar mayor.- El altar separado del retablo tiene para su servicio: Un frontal de talla dorada con espejos y los frontales que se detallaran con sus respectivos ternos. Un sofá de talla dorada y terciopelo grana. Y el servicio de plata que se detallará al final. Seis grandes cortinas de damasco rojo, y dos ángeles colosales a la entrada del Presbiterio, San Gabriel y San Rafael.
En el púlpito un retablito dorado, con Crucifijo. Repartidas por el crucero hay veintiséis grandes cortinas[30] de damasco rojo (sin contar las del altar mayor ni las de las ventanas del coro) empezando el número 1 junto al órgano y concluyendo enfrente con el 26. Trece grandes cuadros sobre las cortinas mayores, representando al Divino Maestro[31] y al Apostolado. Una araña de cristal junto al arco del púlpito. Cuatro mas pequeñas en los arcos inmediatos y otra igual delante del coro.
Coro.- La sillería de nogal y facistol con una pequeña estatua de la Purísima Concepción, dentro de la urna del mismo. Un buen cuadro de la titular en el testero del centro. Dos hojas de cordina de damasco rojo en cada ventana. Y en la tribuna, un cuadro de Nuestra Señora del Rosario. Sobre la baranda del Coro un Crucifijo de talla[32].
Altares laterales.- En el manchón del púlpito, hay un retablo con tres lados, que contienen: en el del centro un lienzo de San Cristóbal, gigantesco; al lado derecho otro que representa a Santa Isabel, y al opuesto otro que figura Santa Catalina Mártir. En la parte más elevada hay un medallón con una cabeza, que se cree representa también a San Cristóbal.
En el manchón del lado opuesto, hay otro retablo igual, conteniendo: el centro a San Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la Virgen; el del lado del crucero a Santa Ursula; el del opuesto a Santa Gertrudis, y el medallón a San Ildefonso en traje pontifical[33].
Nave del Evangelio
Altar de Nuestro Padre Jesús Nazareno.- En el centro de este retablo está situado el camarín de dicha imagen. Por bajo de este hay tres imágenes de talla que representan a San Antonio de Padua, San Miguel y San Rafael, y en la parte superior un medallón con la aparición de Santiago en Clavijo, tallada. La venerada imagen de Jesús tiene las ropas y alhajas siguientes: Túnica de terciopelo grana, cordones y cruz de madera dorada para el camarín. Otra túnica, morada, con cenefa y bocamangas bordadas, con remates de plata. Otra túnica de seda morada, con ramos tejidos de oro y plata, conocida por la del Milagro, corona de espinas y potencias de plata. Un estandarte de terciopelo morado. Dos arañitas de plata[34].
Altar de Santo Domingo.- En la parte baja de este retablo se ve un precioso busto de San Pedro Mártir, tallado en madera, de mucho mérito. En la parte central hay dos nichos que contienen: el de la derecha, una efigie de talla de San Blas; el de la izquierda otra de San Pedro Apóstol y el del centro la imagen titular del altar tamaño natural, la cual posee las ropas y alhajas siguientes: Un hábito de damasco blanco bordado en oro; capa y capucha de terciopelo negro bordado en lo mismo y correas con estrellas de plata. Una diadema de plata sobredorada[35]. Una cruz patriarcal y banderola de plata. Un libro con tapas de plata. Un rosario engarzado en plata dorada con medallones. En la parte superior del retablo hay una estatua de Nuestra Señora de las Angustias. En el macho contiguo a este altar existe un cuadro que representa el martirio de San Antonio Mártir de Túñez, del Orden de Predicadores.
Altar de Nuestra Señora de los Dolores.- En el centro de este retablo está la imagen de la Virgen que tiene las ropas y alhajas que sigue: Un manto de terciopelo negro, con franja y puntilla de plata para el Camarín. Otro de terciopelo cortado labrado con estrellas de plata. Una media luna y un resplandor, del mismo metal. Un corazón con siete espadas sobredorado. Un rosario de oro con cuentas de azabache[36].
En el nicho de la derecha, está la imagen del Señor de la Humildad, de talla, con corona y potencias de plata[37]. En el de la izquierda la de la Magdalena[38] con vestido de terciopelo negro. Y en el cuerpo de arriba una estatua de San Antonio Abad.
En el arco inmediato hay un cuadro de San Cosme y San Damián; más abajo otro mayor con San Cayetano, y a los lados de la capilla del Sagrario otros dos, con Santa Lucía y Santa Inés de Monte Ponciano.
Capilla y altar del Sagrario.- En la parte baja de este retablo está el Sagrario con cortinas de tisú de oro. Sobre el Sagrario está el nicho que contiene la estatua del Dulce Nombre de Jesús, con resplandor y bandera de plata.
En el nicho de la derecha está la imagen de Santo Tomás de Aquino; tiene las ropas y efectos siguientes: Hábito blanco de lama de plata, capa y capucha de terciopelo negro con franja de oro, bonete y muceta de Doctor con cenefa bordada y tres soles de plata sobredorada, de diversos tamaños que figuran sujetar la muceta y un rosario engarzado en plata.
En el nicho de la izquierda se halla la imagen de San Jacinto; el hábito, capa y capucha, son lo mismo que los del anterior, y un rosario de plata, en la mano derecha lleva una estatua de la Virgen[39]. En la parte superior de este retablo está en el centro, la estatua del Angel de la Guarda; a su derecha otra de San Telmo, y a la izquierda San Luis Beltrán.
En el hueco de una ventana que daba al lado del claustro y después se tapió, está la imagen de San Pío V[40]: tiene capa y estola de color granada con ramos de plata, llaves de madera puestas en una azucena de plata y rosario con engarces de lo mismo.
Al lado del Santo está la Vera Cruz: tiene una estrella grande, corona real y remates de plata.
Capilla de Santa Teresa.- Sobre un altar de mampuesto hay un retablo dorado y en él se ven dos nichos con las estatuas de tamaño natural de Santa Teresa y San Juan Bautista; enfrente hay un cuadro con la Virgen de las Angustias[41].
Capilla del Bautisterio.-
CAPILLA DEL BAUTISTERIO.- En el centro la pila bautismal. Alrededor hay lo siguiente: Dosel con su crucifijo; dos lienzos grandes, sin marco, que representan San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier[42]; otros dos cuadros con bustos de talla, del Ecce Homo y la Dolorosa. Esta Capilla esta separada de la anterior por puertas de hierro.
NAVE DE LA EPÍSTOLA
Altar de Nuestra Señora del Rosario.- Sobre la parte de este retablo que apoya sobre el altar hay un nicho con un estatua de Santa Bárbara, en la parte superior otras dos de San Joaquín y Santa Ana.
En el centro, en un magnífico camarín y sobre un hermoso trono, tallado y dorado, está la imagen de Nuestra Señora del Rosario, de talla pero en disposición de vestirla. Tiene las ropas y alhajas siguientes: unas andas forradas de plata, con cuatro columnas de lo mismo que sostienen un dosel. Un manto rameado de oro y colores para diario[43]. Un centro de plata, dorado, sencillo y rosario de plata con cuentas azules, también para diario. Otro manto con ramos de oro. Otro verde, idem con delantal. Otro blanco de medio tisú, con vestido. Otro cetro dorado, con remate de cristal y otro para el Niño. Una joya de oro que termina en cruz, con pedrería. Un rosario de oro[44]. Un estandarte de tela de plata, bordado en oro a gran realce con vara, cruz y remates de plata y funda de madera. Otro idem rameado en seda. Otro de terciopelo grana. Otro encarnado rameado oro en colores[45].
A causa del excesivo peso de esta imagen, se adquirió otra para vestir, que sirve para las procesiones claustrales, de los primeros domingos de mes, y para las demás festividades de Nuestra Señora. Esta imagen tiene dos niños: Uno el natural de la imagen, más pequeño que el de la del Rosario, y otro que solo sirve para el día de la Purificación y Noche Buena. Esta segunda imagen tiene las ropas y alhajas siguientes: corona de plata sobredorada y otra igual, pero mas pequeña, para su Niño. Peto y rosario del mismo metal. Dieciséis anillos de oro con pedrería. Una joya para el cuello terminando en cruz con pedrería. Collar y brazaletes compuestos de varios hijos de perlas, sumando tres mil. Un manto de lama de plata con cenefa de tisú de oro, y vestido de lo mismo. Otro manto de seda blanco, rameado, con vestido de raso bordado a mano. Otro azul con listas jaspeadas. Otro, color fuego, con su vestido. Otro morado con ramos blancos. Otro de raso azul[46]. El Niño tiene los vestidos correspondientes a los anteriores; y el más pequeño unos pañales o envoltura de tela de oro bordada a realce.
También se guarda en este camarín, una hermosa imagen de San José, tamaño natural, con su niño en la mano. De esta imagen son propias las siguientes prendas: túnica de seda bordada con ramos de oro. Cíngulo de tela de plata. Rosario de plata sobredorada con cuentas de nácar. Una vara que termina con un ramo de azucenas, todo de plata. Un trono dorado con ocho angelitos.
El Niño tiene: Túnica y cíngulo iguales a los del Santo. Potencias de plata sobredoradas, y una cadena de oro, que termina en una joya figurando un alcaparrón.
Se conserva también en este camarín un urna del nacimiento, de latón y cristales, con hilos y borlitas de oro, figurando telarañas y tiene dentro: pesebre o cuna para el Niño, San José y la Virgen; buey y mula; el Arcángel San Gabriel y varios angelitos tocando instrumentos.
Altar de San Pedro Mártir.- En el centro de este retablo está situado el nicho del Santo Patrón (ya descrito en el Apéndice 3º). Tiene trono y andas de plata; un estandarte de damasco encarnado bordado en oro, con vara y cruz de plata, y un pequeño relicario, de forma de custodia también de plata.
En el nicho de la derecha hay una estatua de San José con su Niño[47]. En el de la izquierda una imagen de la Beata Juana de Aza[48], que tiene manto y vestido de seda, y una diadema de plata, que también sirva para San Vicente Ferrer. En la parte superior del retablo hay dos estatuas que representan la de la derecha a San Jacinto y la otra a San Raimundo de Peñafort.
Altar del Santo Cristo de la Caridad vulgo de las ánimas.- En el centro de este retablo, en un gran nicho que forma un dosel con cortinaje figurado de madera, se venera este Santo Crucifijo, de tamaño natural, con corona de espinas de plata, y al pie de la Cruz un buen cuadro de la Dolorosa. Sobre este dosel hay otro nicho, con una pequeña estatua del Resucitado.
Altar de San Vicente Ferrer.- En la parte baja de este retablo hay un nicho con una estatua del Beato Posadas, la cual tiene diadema de plata. En el centro hay tres nichos: En el de en medio está la imagen de San Vicente, con hábito blanco de lama de plata, capa y capucha de terciopelo negro con ramos bordados en oro, un Crucifijo, campanilla y rosario, de plata las tres prendas.
En el nicho de la derecha está la imagen de Santa Catalina de Sena; su hábito blanco igual al anterior, capa de terciopelo con cenefa de oro, velo negro de seda y bonete de abadesa, de terciopelo bordado en oro. Tiene un crucifijo de talla[49] y un rosario engarzado en plata. En el lado opuesto, la imagen de Santa Rosa de Lima; su hábito, capa, velo y rosario, son como los de la anterior y lleva un precioso Niño. En la parte superior del retablo hay un buen lienzo de la Purísima Concepción.
Altar del Ecce Homo.- En el centro de este retablo, último de la nave, hay un buen lienzo con el Ecce Homo, con potencias de plata. Debajo hay un nicho con una estatua pequeñita de piedra de San Antonio de Padua, y en la parte superior, un lienzo pequeño de la Santísima Trinidad.
IMÁGENES QUE NO TIENEN NICHO
En el camarín de Jesús están la siguientes: Una de San Juan Evangelista, con túnica de seda verde, con galón de oro y capa encarnada[50]. Una de San Antonio de Florencia, con mitra de seda. Otra de San Luis Beltrán, sin ropas.
SACRISTIA
Existen en ella los cuadros siguientes: Un Crucifijo de talla, mediano, con corona de espinas, dos potencias y calavera de plata. A los lados dos lienzos grandes, sin marco, representando a San Rafael y a San Juan Evangelista. Otros dos, mas medianos, con la Purísima Concepción y San Miguel. Cuatro más pequeños con sus marcos, que representan a los Santos fundadores Domingo de Guzmán, Francisco de Asís, Agustín y Bernardo. Un cuadro pequeño pintado en talla con la Dolorosa. Otro grande deteriorado, que representa a la Virgen con su Hijo muerto en los brazos. (Se cree que este cuadro es original de Zurbarán).

Imagen de Santo Domingo de Guzmán en el altar mayor de la parroquia de Doña Mencía

ORNAMENTOS
Solo se mencionan los de más valor, pues los de diario han sufrido bastantes transformaciones.
Un terno de damasco blanco, bordado en oro a gran realce. Otro blanco rameado de oro. Otro que se le denomina del Corpus, con ramos de oro y seda, con cuatro quasullas para sacar la Custodia. Otro encarnado, rameado de plata. Otro de terciopelo negro, con paño para el túmulo. Otro de terciopelo morado, con frontal. Todos estos tienen cuatro collarines para los acólitos. Otro terno de damasco verde, con frontal y sin capa. Una casulla encarnada, con tisú de oro. Dos, color rosa, con ramos de plata. Otras dos, encarnadas, ramos de seda y oro. Una blanca, con ramos de seda y oro. Dos verdes, rameadas. Dos negras de terciopelo. Una muceta de lama de plata para la procesión de los impedidos.
GUARDAPLATA
Además de los estandartes, diademas, rosarios, etc, que se han mencionado al tratar de las respectivas imágenes, existen en este depósito las alhajas siguientes:
Servicio del Santísimo Sacramento.- Una gran Custodia, labrada, de plata sobredorada con viril de oro; la parte delantera de este viril, la forma un emparrado de esmeraldas, con doce racimos de uvas formados por pequeñísimas perlas, y doc