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Religiosidad popular y Semana Santa en Doña Mencía:Un monumento funerario en la Iglesia Dominicana de Doña Mencía

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Publicado por Antonio Cantero Muñoz en Actas de III Congreso de Historia de Andalucía. Andalucía Contemporánea . Tomo IV pp. 301-311. También en El Bermejino números 259 al 262, publicado en los meses de septiembre a diciembre del año 2001.

 

Los Apóstoles procesionando junto a San Juan Evangelista en la mañana del Viernes Santo

A continuación vamos a realizar una breve descripción de los que tenían lugar en la localidad cordobesa de Doña Mencía, y que nos puede servir de ejemplo de lo que se hacía en otras muchas poblaciones. En primer lugar comenzaremos por el Sermón del Mandato, que estaba a cargo de la cofradía de la Vera Cruz, y servía de preparación a la estación de penitencia que realizaba en la tarde noche del Jueves Santo. El predicador, hacía saber al pueblo inculto e ignorante en los misterios y verdades de la fe, que Jesucristo aceptó la decisión de Dios de sufrir la vergüenza y escarnio de ser azotado por gentiles, derramando en la Columna su sangre (igual que en la Santa Cruz) para redimir el género humano. Durante el mismo se cantaba por los "resaores" la sentencia de azotes:

"Siendo yo Poncio Pilatos
encargado en estos reinos
de regir la presidencia
de este tribunal supremo
por el gran Jerusalén
por el gran Cesar Tiberio
que con desairada envidia
pues se acusa a este reo
achacándolo de injurias
de hechizos y encantamientos
los atribuís y letrados
escribas y fariseos
todo el pueblo en tumulto
pues me aprietan sin sosiego
con amenazas me piden
que le crucifique presto
yo examinando estas causas
tras de este inocente reo
y para apaciguar la furia
de este ensangrentado pueblo
mando que al patio lo saquen
y que a la vergüenza expuesto
le den azotes sin fin
hasta quedar satisfechos
y para que se los den
prevengo yo también esto
los dos más fieros verdugos
escogidos por el pueblo
y lo coronen de espinas
para darle más tormento
Firmo sentencia de azotes
contra Jesús Nazareno".

En la madrugada del Viernes Santo durante la procesión de Jesús Nazareno, tenía lugar el Sermón del Paso, donde se escenificaba toda la historia del Misterio de la Redención, con especial referencia al Sacrificio de Isaac, haciéndonos saber que cuando este iba a ser inmolado, cargó con el leño para el sacrificio, como lo hizo Jesús Nazareno con la cruz camino del Calvario, para ser sacrificado por nuestros pecados. No tenía lugar dentro de la parroquia, pues se buscaba un espacio abierto, donde además de las figuras bíblicas de Gestas, San Dimas, Apóstoles, Evangelistas y Virtudes, pudieran intervenir las imágenes de la Virgen de los Dolores, la Magdalena, San Juan y la Verónica. El acto terminaba con la bendición de Jesús Nazareno que tenía un brazo articulado[6]:

"Al toque de las trompetas
y al empezar los pregones
sacan l Isaac Eterno
rodeado de sayones
de soldados y justicias
y culpados salteadores
y en sacándole a la calle
con crueles achuchones
la Santa Cruz le cargaron
para darle penas mayores".

El acto más emblemático de la Semana Santa de Doña Mencía era y sigue siendo el Sermón del Descendimiento, que tenía lugar antes de la procesión de penitencia en la noche del Viernes Santo. Como los anteriores su fin básico era el didáctico, y frente a las teorías protestantes, pretendía enseñar con recursos visuales, al proceder al desenclavamiento y traslado de la imagen del Jesús por dos vecinos que representaban a los Santos Varones, que una vez que Cristo muere en la Cruz su dimensión divina sigue unida tanto a su cuerpo, llagado por la Pasión y enterrado en el Sepulcro, como a su alma, aunque cuerpo y alma estuvieran separadas:

"José el de Arimatea
el letrado de la fama
el más liberal y rico
de Jerusalén la santa
el que fue a favor de Cristo
cuando la nación judaica
porque había visto hacer
una sin razón tan clara
era liberal y rico
de pensamientos humanos
al ver la muerte de Cristo
se quedó maravillado
y asimismo se decía
melancólico y turbado
entendimiento en que piensas
memoria que estas dudando
voluntad en que te empleas
que es esto que está pasando
serafines y profetas
que tenéis profetizado
ese espantoso prodigio
ese prodigioso espanto
salid del Limbo y veréis
a ese Dios muerto en un palo
que es el precio y la moneda
conque vino a rescatarnos"

Durante el Siglo XVIII las autoridades políticas y religiosas, van a ser muy críticas con todas las manifestaciones de religiosidad popular organizadas por las cofradías y hermandades, al considerarlas como limitadas a lo externo y formal, siendo objeto por ello de control o prohibición. Como señala Álvarez Santalo, ambas instancias cooperan con la finalidad de "racionalizar y purificar la religión popular de su enorme ganga de conductas tópicas, supersticiones, formalistas y aberrantes"[7].

Aranda Doncel ha realizado un magnífico trabajo de investigación, que nos hace saber que durante la indicada centuria, la mitra cordobesa es ocupada por representantes del espíritu jansenista, contrario al barroquismo que había impregnado los desfiles penitenciales, y partidario de la sobriedad y austeridad en todas las celebraciones religiosas. Así en 1744 el obispo Miguel Vicente Cebrián, publica por medio de un Edicto unas normas que regulan con carácter restrictivo las procesiones de Semana Santa, y se prohíben las representaciones de personajes bíblicos y escenas de la Pasión[8].

El padre Mariana refleja de forma elocuente en el siguiente texto, coetáneo a esas fechas, las ideas antes expuestas[9]: "Porque, ¿Cómo puede ser conveniente que hombres torpes representen las obras y vidas de los sanctos, y se vistan de las personas de San Francisco, Sancto Domingo, la Magdalena, los Apóstoles y del mismo Cristo? [...] Proveído está que las imágenes en los templos se pinten con toda honestidad, y ¿Sufriremos que una mujer deshonesta represente a la Virgen María o Sancta Catalina, y un hombre infame se vista de las personas de San Agustín y San Antonio?"

Esta política será continuada por sus sucesores, alcanzando su máxima expresión durante el pontificado de don Pedro Antonio de Trevilla (1805-1832), que se muestra contrario con las formas tradiciones de celebrar la Pasión que hemos descrito, dando lugar a una situación de conflicto en muchas poblaciones del obispado. El punto culminante de este enfrentamiento se produce en 1820, con la publicación de un Reglamento sobre procesiones de Semana Santa que, las cuales quedan reducidas a la al oficial de la tarde del Viernes Santo, determinado de forma expresa que imágenes eran las que podían participar en los desfiles. De igual forma, se suprime taxativamente la presencia de las figuras bíblicas y todo tipo de representaciones[10]. Esta actitud continuará a lo largo del Siglo XIX, y siendo obispo de Córdoba don Juan Antonio de Albunquerque, dictó en 1859 otra normativa que vuelve a prohibirlas, al considerarlas como algo contrario al espíritu verdaderamente religioso, que debía presidir los desfiles penitenciales[11].

Figuras bíblicas de la cofradía del Cristo de la Columna de Doña Mencía

Asimismo hemos de tener muy presente que a partir de mediados del Siglo XIX, se configuró en la ciudad de Sevilla un modelo de desfiles penitenciales, que por desgracia se ha convertido en la única referencia "de perfección y belleza" con todo lo relacionado con la Semana Santa. Ha sido adoptado fervorosamente en muchas localidades andaluzas como suyo propio, dando lugar una homogeneización y empobrecimiento de esta manifestación de religiosidad popular, al olvidarse las tradiciones más seculares de muchos pueblos y ciudades. Se caracteriza por la consolidación de las túnicas de nazarenos como vestimenta exclusiva para quienes participan en la procesión, excluyéndose los personajes bíblicos. Como señala Moreno Navarro, la moda de las caracterizaciones de figuras bíblicas no prosperó en la ciudad hispalense, a pesar de que algunos años participaron en ellas, pues se consideró que ponerse las largas barbas blancas de los profetas del Antiguo Testamento, era un disfraz demasiado evidente, que no se ajustaba al gusto local[12]. No me cabe la menor duda, que si se hubiera adoptado en esa ciudad la citada estética, en casi toda Andalucía se habría desatado una competencia "feroz" por sacar el mayor número de figuras bíblicas con sus martirios y rostrillos.

Lo expuesto hasta ahora, unido al proceso de secularización que afectó a la sociedad en general a partir del segundo tercio del Siglo XIX, podría inducirnos a pensar en su paulatina y total desaparición. Sin embargo, en la actualidad goza de mucha vitalidad, siendo varias las razones que explican esta situación. Pues desde fines del siglo XIX, las cofradías y hermandades y asociaciones relacionadas con ellas, como serían las "corporaciones" de figuras bíblicas, van a ser una de las propuestas de la Iglesia , como alternativa de solidaridad cristiana frente al movimiento obrero o partidos políticos laicos o anticlericales[13].

Hemos de tener presente que en los momentos en que la sociedad se "descristianiza" y se vuelve anticlerical (Sexenio Revolucionario 1868-1874, Trienio Bolchevique 1918-1921 o Segunda República 1931-1936) las autoridades eclesiásticas potencian todo tipo de manifestaciones de religiosidad popular. Su intención no es otra que la gente vuelva a asistir masivamente a los religiosos, siendo lo "popular" el camino más fácil para conseguir "la recristianización" de la sociedad.

Otra razón, va a ser el importante papel que van a desempeñar en algunos lugares del sur de la provincia de Córdoba, como sería el caso de Puente Genil y Moriles, de asociaciones formadas exclusivamente por hombres, creadas con motivo de fiestas de un aparente matiz "religioso", que estarían integradas por las personas que procesionan vestidos de figuras bíblicas. Su función explícita es participar en las comitivas penitenciales representado personajes del Antiguo o Nuevo Testamento, aunque no formen parte de la cofradía que realiza el desfile. Pero también desempeñan otras funciones estructurales, que explican su actual vigencia y auge en una sociedad secularizada, entre las que destacan el ser un ámbito de sociabilidad presidido por el comensalismo, o la afirmación de identidades colectivas de distinta naturaleza, todo ello sin negar su dimensión religiosa, que aunque existe no ocupa el lugar más importante para estos colectivos[14].

Además, en los últimos años las máximas autoridades eclesiásticas se han ocupado especialmente de todo lo relacionado con la Semana Santa, lo que supone reconocer su importancia. En primer lugar, la pastoral de los obispos del sur de España sobre cofradías y hermandades, fechada en 1988. En este texto los prelados de las archidiócesis de Sevilla y Granada señalan que "en el momento presente se contempla en el Sur de España un interés creciente por las manifestaciones católicas de religiosidad popular", añadiendo que "la reevangelización de nuestra sociedad es una tarea urgente", atribuyendo a las cofradías esa función en una sociedad secularizada: "Para esta revitalización espiritual de nuestra región hacemos un llamamiento a todos los hermanos/cofrades de nuestra diócesis [...] Puesto que, aunque el fin principal de las Hermandades/Cofradías consiste en la promoción del culto público, ello no les exime, antes bien, les exige la responsabilidad de asumir, en su justa medida, toda la atención general de la Iglesia a la vista de las urgencias apostólicas que se presentan al pueblo de Dios y en cada momento histórico". Además, pone de manifiesto el valor pedagógico de los desfiles penitenciales y representaciones con figuras bíblicas: "las salidas procesionales y estaciones de penitencia pueden llegar a ser, si se hacen con devoción y dignidad cristiana, valiosas catequesis plásticas en sus recorridos por las calles, las plazas y los caminos de nuestras ciudades y de nuestros campos. La contemplación de estas representaciones religiosas de la vida del Señor, de la Virgen y de los Santos nos recuerdan los misterios de nuestra salvación y nos estimulan a seguir su vida ejemplar"[15].

Imagen actual de la cofradía de los Apóstoles en la mañana del Viernes Santo

De fecha reciente, es un documento vaticano de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que contiene principios y orientaciones sobre la piedad popular. Parte de que el Concilio Vaticano II, señaló la primacía indiscutible de la liturgia sobre los ejercicios de piedad popular, aunque recordando su validez y valores, así como los peligros que pueden desviarla de su función complementaria de las ceremonias litúrgicas. Señala una serie de orientaciones para armonizarlas, refiriéndose expresamente a la representación de la Pasión de Cristo[16]:

"En muchas regiones, durante la Semana Santa , sobre todo el Viernes, tiene lugar representaciones de la Pasión de Cristo. Se trata, frecuentemente, de verdaderas representaciones sagradas, que con razón se pueden considerar un ejercicio de piedad. Las representaciones sagradas hunden sus raíces en la liturgia, algunas de ellas, nacidas casi en el coro de los monjes, mediante un proceso de dramatización progresiva, han pasado al atrio de la iglesia.

En muchos lugares, la preparación y ejecución de la representación de la Pasión de Cristo está encomendado a cofradías, cuyos miembros han asumido determinados compromisos de vida cristiana. En estas representaciones, actores y espectadores son introducidos en un movimiento de fe y de auténtica piedad. Es muy deseable que las representaciones sagradas de la Pasión del Señor no se alejen de este estilo de expresión sincera y gratuita de piedad, para convertirse en manifestaciones folclóricas, que atraen no tanto el espíritu religioso cuanto el interés de los turistas".

Al contrario que las autoridades eclesiásticas, las distintas administraciones públicas valoran especialmente la dimensión folclórica de estas expresiones de religiosidad popular, como sería la presencia de figuras bíblicas en los desfiles penitenciales, hasta el punto de considerarlas un bien de interés cultural. Fiel reflejo de esta actitud, es la regulación legal que de las declaraciones de interés turístico de nuestra comunidad autónoma, ha hecho la Consejería de Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, que se contemplaba en la Orden de 20 de mayo de 1977 (BOJA 5 de junio 1977), y que ha sido modificada por Decreto 15/2004 de 27 de enero, y que fue publicado en el BOJA de 12 febrero 2004[17].

Evangelistas y Pregoneros

Muchos pueblos y ciudades de nuestra región, han cumplimentado o lo hacen en la actualidad, los trámites exigidos con el fin de obtener la tan ansiada declaración de fiesta de interés turístico, que permite a esos municipios disfrutar de una serie de ventajas, primando la positiva repercusión económica que pueden recibir[18].

Por ello se crean rutas turísticas que traspasan el ámbito provincial, cuyo principal activo es precisamente la Semana Santa y las tradiciones seculares de los pueblos que la integran. Ejemplo de lo indicado sería "Caminos de Pasión", iniciativa empresarial integrada por las localidades cordobesas de Lucena, Priego, Puente Genil y Baena, y de otras provincias como Estepa, Osuna, Marchena, Antequera y Alcalá la Real. Su objetivo principal "se centra en obtener una semana de pasión con buenas comunicaciones a través de nuestra comunidad, para que el turista pueda recorrerla en un solo fin de semana"[19].

Otra imagen de los Evangelistas

Esta forma de proceder, si bien es interesante desde un punto de vista económico, supone un grave peligro no solo para el aspecto religioso de la Semana Santa, sino también para su dimensión como referente de identificación colectiva. El que parte de los rituales festivos, comiencen a estar contemplados y orientados desde una lógica mercantilista, puede conllevar el que para que vengan más visitantes, se cambien las fechas de su celebración, o se supriman o añadan algunos rituales para hacerlos más atractivos, y puedan ser vendidos más fácilmente a quienes no conocen ni le interesan sus claves simbólicas que los explican[20].

El Testigo Falso, de la cofradía del Cristo de la Columna de Doña Mencía


[1] HERRERA MESA, P.P .: Cofradías y celebraciones pasionistas en los sínodos diocesanos cordobeses del Siglo XVI. En Actas del II Congreso de Historia de Andalucía. Historia Moderna Tomo III, pp. 211- 213.

[2] Concilio de Trento, Sesión XV.

[3] Concilio de Trento, Sesión XV.

[4] FERNÁNDEZ DE PAZ, E.: La influencia de la Contrarreforma en la configuración de la Semana Santa andaluza. En Religión y Cultura Tomo II, Sevilla 1999, pp. 500- 501.

[5] MELGAR REINA, L y MARIN RUJULA, A.: Saetas, pregones y romances litúrgicos cordobeses . Córdoba 1987. En este libro se recogen los correspondientes a Pozoblanco, Montoro, Puente Genil, Castro del Río, Baena, Cabra, Doña Mencía e Iznajar, guardando todos ellos un notable parecido.

[6] En el nomenclator callejero de Doña Mencía, siempre ha existido una calle nominada Bendición, y en la confluencia de esta con la calle Granada, la imagen del Nazareno sigue bendiciendo a los mencianos el Viernes Santo por la mañana.

[7] ALVAREZ SANTALO, C.: Control y razón: La religiosidad popular en el Siglo XVIII. En Las Cofradías en el siglo de las crisis. Sevilla 1991, p. 21.

[8] ARANDA DONCEL, J. Ilustración y religiosidad popular en la Diócesis de Córdoba: La actitud de los Obispos frente a las celebraciones de Semana Santa (1743-1820). En Actas Primer Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa. Zamora 1987, pp. 305-318.

[9] Esta cita la recoge Julio Caro Baroja en Las formas complejas de la vida religiosa. Madrid 1978.

[10] ARANDA DONCEL, J.: Ilustración y religiosidad popular en la Diócesis de Córdoba: La actitud de los Obispos frente a las celebraciones de Semana Santa (1743-1820). En Actas Primer Congreso Nacional de Cofradías de Semana Santa, Zamora 1987, pp. 305-318.

[11] ARANDA DONCEL, J.: Historia de la Semana Santa de Baena durante los Siglos XVI al XX , Córdoba 1995, Tomo I, p. 252: "Las procesiones de Semana Santa se ejecutaran con el decoro y gravedad que exigen los grandes misterios que en ellas se representan; asistirán la Cruz y clero parroquial, se harán después de concluidos los Dinivos Oficios; se llevaran solamente, y por el orden debido de los hechos, las imágenes propias para recordar la pasión, muerte y sepultura de nuestro Sr. Jesucristo, vestidas con la seriedad correspondiente, sin adornos caprichosos y ridículos que desdigan de ella, y no se representará al vivo pasaje alguno de la Pasión, ni otro cualquiera, por personas con disfraces o vestidos extraños al que usan de ordinario".

[12] MORENO NAVARRO, I.:La Semana Santa de Sevilla. Conformación, mixtificación y significaciones. 4ª edición Sevilla 1999, pp. 130-135.

[13] AGUDO TORRICO, J.: Hermandades y tiempos rituales: viejos y nuevos significados. En Religión y Cultura. Tomo 1, p. 366.

[14] MORENO NAVARRO, I.: Las hermandades andaluzas como referentes de identificación colectiva y la jerarquía eclesiástica: pasado y presente. En Religión y Cultura Tomo 1 Sevilla 1999, pp. 335-352.

[15] OBISPOS DEL SUR DE ESPAÑA: "Las Hermandades y Cofradías. Cartas de los Obispos del Sur de España". En Documentos colectivos de los Obispos del Sur de España (1970-1988) Madrid 1989, pp. 232-274.

[16] Directorio sobre la piedad popular y la liturgia. Principios y orientaciones. Madrid 2002.

[17] El artículo 2 distingue entre las fiestas y acontecimientos de interés turístico, los de carácter local, supra -municipal y nacional.

[18] Artículo 4. Efecto de las declaraciones. Las declaraciones de Interés Turístico Nacional de Andalucía otorgaran: 1. El derecho a hacerlas constar en las acciones de promoción que de las mismas efectúen las entidades promotoras. 2 El derecho a ser tenida en cuenta la declaración de mérito específico a la hora de recibir ayudas o subvenciones públicas a otorgar por la Consejería por la Consejería de Turismo y Deporte. A tal fin, la Consejería incluirá las declaraciones honoríficas como mérito en sus convocatorias de ayudas para actividades relacionadas con la finalidad del presente Decreto. 3 La obligación de respetar, en caso de las fiestas, los caracteres tradicionales y específicos de las mismas.

[19] DIARIO CORDOBA 18 febrero 2003, p. 19.

[20] MORENO NAVARRO, I.: La globalización y Andalucía. Entre el mercado y la identidad. Sevilla 2002, p. 176.

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